La nueva pieza del grupo La Arena comparte con las anteriores (que eran para grandes y
chicos) su buen mix de danza, acrobacia y actuación, pero su abstracción y sensualidad la
hacen exclusiva para adultos.
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El vuelo de dos trapecistas flotando en la noche con sus pechos al aire; la desesperación de un solitario entre cuerpos que duermen; acróbatas trepando y deslizándose enérgicamente por un mástil vertical o bien parejas que intentan dialogar con el lenguaje de señas de los sordos y terminan danzando. Escenas como éstas hacen que la obra adquierauna levedad muy placentera. Ni siquiera las divertidas apariciones de un clown -de aspecto infantil y empeñado en jugar con jaulas, ruedas de bicicleta y otros objetos- logran desplazar la suave melancolía que domina este espectáculo, en el que los artistas discuten, hablan con el público y transmiten sus pasiones con una energía contagiosa.