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8 de abril 2011 - 22:20

Infinita inspiración cubana con Pablo Milanés

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Milanés demostró por qué es uno de los músicos más representativos de Cuba.
Su relación con Argentina es de larga data. Solo, acompañado, en teatros, estadios y al aire libre ofreció su repertorio lleno de historias conocidas y también personales. Con ese "sabor cubano" innegable, Pablo Milanés volvió al país para deleitar a un Teatro Gran Rex repleto de varias generaciones de seguidores. Ese mismo público que escuchó con atención cada palabra que el trovador dijo antes de cada canción.

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El primer set estuvo compuesto por una serie de temas inéditos. A modo de introducción, Milanés contó qué lo inspiró a escribir cada uno de ellos. Así, el embarazo de su hija, un mendigo de su barrio, un árbol herido de muerte en su patio y sus muertos más cercanos se inmiscuyeron en el show.

Si bien hasta los temas que el mismo Pablo reconoció "no tocar habitualmente" fueron bienvenidos, la primera ovación llegó con "Canción", la obra rebautizada como "De qué callada manera" que el cubano atribuyó al "poeta más importante de la isla", Nicolás Guillén.

Parejas abrazadas, mujeres que le declaraban su amor y jóvenes que parecían venir de varias décadas atrás aplaudieron de pie al momento de "Años", una de las creaciones más exitosas del cantautor. La misma, fue también inmortalizada por Mercedes Sosa, para quien el anfitrión elevó un recuerdo.

"Yolanda" y "El breve espacio en que no estás" fueron interpretadas casi en conjunto por su autor y los asistentes. Para ese momento, la aclamación era de pie y los pañuelos que pretendían secar las lágrimas disimuladamente ya formaban parte del paisaje general.

Después de 20 temas, llegó el primer intento de retirada. Al volver entonó "Para vivir" y "Yo no te pido". Pero a la nueva despedida le siguió otra negativa de la platea, sedienta de un poco más en la única presentación que el artista dio en Buenos Aires.

Entonces, elevando los brazos, Milanés regresó al escenario y agradeció ese caluroso cariño que, sin duda, se percibía en el aire. "Amo esta isla" puso a todos a bailar a pleno son centroamericano. Y, para el final, el espíritu de Salvador Allende sobrevoló el recinto con "Yo pisaré las calles nuevamente". Dos horas después de su llegada y en medio de aplausos que ya parecían infinitos, Pablo hizo su saludo definitivo y demostró por qué se convirtió hace años en uno de los músicos más representativos de Cuba.

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