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7 de diciembre 2007 - 00:00

La abeja obrera va al paraíso de Seinfeld

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Divierte moderadamente este producto de Dreamworks sobre una abeja con amores interraciales e impulsos marxistas.
«Bee Movie, La historia de una abeja» («Bee Movie», EE.UU., 2007; habl. en inglés y subt. en esp.). Dir.: S. Hickner y S.J. Smith. G.: J. Seinfeld. Voces (vers. inglesa): J. Seinfeld, M. Broderick, R. Zellweger, C. Rock, J. Goodman y otros.

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Con excepción de una misteriosa escena en «Belle de jour» de Buñuel, ninguna otra película había imaginado antes un romance entre una abeja y una mujer. Ahora -con otros fines, claro-, lo hace esta «Bee Movie», un nuevo producto moderadamente entretenido de los estudios Dreamworks, cuya autoría intelectual del comediante Jerry Seinfeld termina desembocando en cierta hibridez parecida a la del último Shrek y algunos otros films recientes: esto es, los chicos no entenderán muchos de sus chistes, los adultos se cansarán un poco con lo pasteurizado del formato, y los no-norteamericanos perderán varias referencias a la cultura cotidiana de ese país.

«Bee Movie», además, abunda en juegos de palabras (desde su mismo título, que además de ser «Película de la abeja» suena en inglés casi igual que «Película de clase B») y, entre otras bromas, aprovecha el significado de la palabra «Sting» («aguijón») para también hacer intervenir como personaje al líder de «The Police».

Pero, como se dijo antes, «Bee Movie» no deja de ser un producto disfrutable. Lo del abstruso enamoramiento interracial entre el protagonista-abeja Barry (Seinfeld) y la florista Vanessa (Zellweger) tampoco representa la totalidad de la película sino sólo su pretexto para que el argumento se ponga en acción. Barry se enamora de Vanessa porque ella lo salva de morir aplastado de un manotazo (en fin, King Kong también se enamoraba de Fay Wray, y eran menos proporcionados entre sí): en una salida de ambos al supermercado, Barry descubre que la venta de la miel, en frascos con la cara del actor Ray Liotta, no es otra cosa que la indebida apropiación por parte de los humanos de un producto que no les pertenece. Desde entonces encabezará, como el esclavo Espartaco, una rebelión que sería casi marxista («Abejas del mundo, uníos»), si no fuera porque sus métodos son pacíficos y legales: demandará a los humanos, los llevará a juicio, e intentará demostrar ante un jurado (de humanos, no mixto) lo delincuencial de esa enajenación. No hace falta abundar en mucho más, aunque sea previsible.

El típico humor televisivo de estos films, que incluye por enésima vez la participación del periodista estrella Larry King (transformado también él en abeja), ya no tiene el mismo efecto que lograba en sus primeras utilizaciones. Tampoco la inclusión de temas clásicos de los '60, como «Sugar, Honey Honey» de The Archies.

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