Daniel Day-Lewis da una sobrecogedora composición de un padre que comprende tarde
las consecuencias de sus utopías sesentistas sobre su hija (Camilla Belle).
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Con el descubrimiento de que su niña está dejando de serlo, El fragmento de la familia agrandada permite a la directora quitar todas las veladuras (bienvenidas, todo hay que decirlo) con las que hasta ese momento se cuidó muy bien de cubrir las tormentas interiores de los protagonistas; las que provoca el fantasma del incesto en primer lugar. Al respecto, hay un anuncio hecho sólo de potentes imágenes de la cara obscenamente devastadora de la naturaleza. Es allí donde, como en el poema de
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