La documentalista Frauke Finsterwalder llegó al país para abrir mañana el Festival de Cine Alemán con su primera película de ficción, la tragicomedia “Finsterworld”.
Frauke Finsterwalder solo puede ser alemana. Nació en Hamburgo, estudió historia y filosofía en Berlín, cine en Munich, vive entre Kenia y Florencia. Documentalista, su primera película de ficción, la tragicomedia "Finsterworld", viene de ganar en el Festival de Cinema des Mondes de Montreal, e inaugura mañana el Festival de Cine Alemán en el Village Recoleta, que se extenderá hasta el martes18. De vuelta en la Argentina, donde vivió un par de años, dialogamos con ella.
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Periodista: ¿Cuál es el campo de concentración que recorren los estudiantes en una parte de su tragicomedia sobre el ser nacional?
Frauke Finsterwalder: Ninguno. Parece un campo de verdad, pero casi todo en la película es pura escenografía. Quería acercarme a la tradición de los cuentos, crear un mundo reflejo del real, ya desde el juego de palabras entre mi apellido y el título, y la mezcla de datos. Por ejemplo, esos estudiantes usan uniforme, pero en Alemania el uniforme escolar desapareció, creo que con el Tercer Reich. Mi hija, en cambio, va a la escuela de guardapolvos, lo que para mí tiene muchas ventajas.
P.: ¿Es cierto que viven en Africa?
F.F.: Con mi esposo [el novelista y coguionista Christian Kracht] buscamos un lugar donde nuestra hija creciera sin internet ni tantos autos, y elegimos Kenia. Pero el progreso también llega, y los problemas políticos del lugar se mantienen. No abandonamos Kenia, pero ahora pasamos gran parte del año en Florencia.
P.: ¿La chica conoce Alemania?
F.F.: De visita, cuando va a casa de los abuelos. Es como una alemana "de la diáspora". Y quién sabe si un día no se hace keniata.
P.: ¿No la mirarán como sapo de otro pozo?
F.F.: La gente de cine siempre es sapo de otro pozo. Lo que no me impide viajar. Por ejemplo, la primera versión de esta película la escribimos acá. La segunda, en Corea del Sur.
P.: ¿Qué le falta conocer?
F.F.: Australia y Antártida. ¡Me fascina! Pero hace mucho frio.
P.: Hablando de frio, es notable el contraste entre ciertos personajes y el verano hermoso en que transcurre la historia de "Finsterworld" (algo así como "mundo oscuro").
F.F.: Como dijo un camarógrafo, siempre es bueno que el público vea algo lindo para soportar las partes dramáticas. Habrá notado que también usamos otras formas de contraste, y que todos tienen un lado negativo y un lado bueno. A todos podemos brindarles una mirada afectuosa. Por ejemplo, a ese matrimonio que se divierte burlándose de los demás con un cinismo insoportable, pero es su manera de entenderse, ¡y ya llevan 30 años juntos, eso es admirable! Lamentablemente, el hijo no se integra a esa simbiosis, o no lo integran.
P.: ¿Cuánto hay de verdad en lo que dice alguien acerca de la falta de modelos en su país?
F.F.: Muchos jóvenes lo sienten así, considerar una persona como modelo no va, no piensan que alguien merezca ser creíble. Hay tanto descrédito que en una encuesta para saber a quién querrían ver como canciller, salió elegido un animador de reality show. Me parece bien que no nos percibamos como modelo de nada. Pero es difícil crecer en una tierra semejante.
P.: ¿El ermitaño que vemos también es una fantasía, o todavía los hay en la Selva Negra?
F.F.: Todavía los hay, pero cada vez menos. La civilización arrasa con todo. Como a ese ermitaño que apenas salió del bosque en el Estado de Nueva York la policía lo mató porque llevaba un cuchillo.
P.: Por último, hábleme de la mujer del oso (una historia, digamos, con final feliz).
F.F.: Ella no sabe que es la mujer del oso. No sabe percibir la realidad, y eso que es una documentalista.
P.: ¿Le puso esa profesión como sutil autocrítica?
F.F.: No, yo me siento más identificada con el podólogo que atiende a la viejita en su casa.
P.: Es el único abiertamente cordial de toda la película.
F.F.: No diga eso. La viejita también es cordial, y muchos otros, incluso algunos estudiantes secundarios son cordiales. Pero no los dejan.
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