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24 de febrero 2006 - 00:00

La guerra de Irak, según una corrosiva ganadora del Nobel

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Emilio García Wehbi: «Jelinek no tiene nada que ver políticamente con otros Nobel como Saramago. Ella no hace sátira desde una idea, sino desde la grieta, de la herida misma».
La guerra de Irak transmitida por televisión y criticada por una voz femenina que no deja títere con cabeza es la base argumental de «Bambiland». Este extenso monólogo escrito por la premio Nobel de Literatura 2004 Elfriede Jelinek combina «Los persas» de Esquilo (el más antiguo texto dramático sobre el tema de la guerra) con diversos reportajes mediáticos, frases de Nietszche, Heidegger y comentarios propios.

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«Jelinek no es un modelo de Premio Nobel como Coetzee y Saramago, en el sentido de corrección política, dotes literarias y compromiso con su sociedad. Ella está en contra de todo tipo de establishment, incluso el « progresista», y sigue la línea de los grandes satíricos autríacos como Karl Kraus, Von Horvath, Thomas Bernhardt o Peter Handke, más interesados en hacer sátira desde la grieta, desde la herida misma», opina Emilio García Wehbi.

El director estrenó la obra el año pasado en un ciclo producido por el Instituto Goethe de Buenos Aires. La obra dura dos horas y cuenta con el auspicio de las embajadas de Alemania y Austria. Siempre con el protagónico de Maricel Alvarez, «Bambiland» retomó sus funciones en el Camarín de las musas (Mario Bravo 960).

Por otra parte, García Wehbi estrenará el 26 de mayo, en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín, una nueva versión del «Woyzek» de Georg Büchner traducida y adaptada por Ricardo Ibarlucía. Como integrante del Periférico de Objetos (lo fundó en 1989 junto a Daniel Veronese y Ana Alvarado) ha iniciado gestiones para traer a Buenos Aires «Manifiesto de niños», estrenado en Bruselas en mayo de 2005 con producción del Kunsten Festival des Arts.

Periodista: ¿Qué es Bambiland?

Emilio García Wehbi: La mejor definición es esta frase de Jelinek: «Escribí Bambiland según lo que la televisión me iba dictando sobre la guerra de Irak». Ella juega con eso y arma una especie de collage con citas, referencias y reflexiones propias en relación a lo que transmitían las cadenas norteamericanas, a la problemática económica que hay por detrás y al tema del petróleo. Pero tomando como parámetro la estructura y los monólogos de «Los persas» de Esquilo. Esta excusa le permitió remontarse al origen del pensamiento judeocristiano y a la semilla de los actuales conflictos entre judaísmo, cristianismo e islamismo. Jelinek habla mal de los tres, pero también de sí misma.

P.: La dramaturgia de Jelinek suele resultar algo confusa debido a su desprecio por los diálogos y demás convenciones teatrales.

E.G.W.: Esta obra no es confusa, es compleja. Pero, a la vez, es simple y ofrece diferentes posibilidades de lectura. En primer lugar no hay un personaje definido, pero está clarísimo que se trata de una sola voz, y una voz femenina que habla todo el tiempo asumiendo las voces de todos los que hablan. Es lo que piensa una señora que plancha mientras ve la telenovela. Al mismo tiempo, es muy interesante cómo la autora reproduce nuestro sistema de pensamiento, con su cadena asociativa. El original durabados horas y media de non stop. Yo reduje la obra a dos horas ininterrumpidas y el monólogo sigue fluyendo de manera impecable.

P.: ¿Y la actriz lo soporta?

E.G.W.: Le lleva casi una semana de recuperación.

P.: ¿Y el público?

E.G.W.: Bambiland está atravesada por el humor de principio a fin, es un humor absolutamente satírico. Jelinek no deja títere con cabeza. Incluso es muy dura con ella misma. Dice que lo único que tiene son sus vestidos porque nunca fue madre, o que no tiene un hombre en su cama por ser como es. Evidentemente, los personajes que crea son muy dominantes, y tienen una energía arrolladora. Pero no juzgan desde un pedestal porque ella se asume de verdad como parte del sistema. En el espectáculo hay momentos de fascinación y de mucho cansancio, de sacudirse el aburrimiento para luego deslumbrarse. Hay continuos cambios de perspectiva y como dije antes, abunda el humor.

P.: ¿Qué apariencia asume esta voz femenina?

E.G.W.: La actriz está rodeada por dos televisores que muestran diferentes secuencias de la Guerra de Irak e imágenes de Sadam, Blair, Bin Laden, Bush, etcétera. Por momentos, parece una especie de conductora en un set televisivo o una conferencista.

P.: Para terminar ¿Qué pasó con el Periférico?

E.G.W.: En mayo del pasado estrenamos «Manifiesto de niños» en Bruselas y en Munich. Nos fue muy bien y ahora estamos haciendo gestiones y buscando sponsors para estrenarlo en Buenos Aires, porque técnicamente es un espectáculo bastante complejo. Consta de una caja cerrada de cuatro por siete metros y 5 de alto y cuatro o cinco proyectores de video. Además necesitamos un espacio muy amplio para montar esta instalación teatral. Lo ideal sería un museo como el Malba o el de Arte Moderno que está en la Avenida San Juan. Después de «El suicidio» y de «La última noche de la Humanidad» que estrenamos en 2002 no quedamos muy conformes. La falta de tiempo hizo que trabajáramos en paralelo lo que dio finalmente dos productos bastante híbridos. La necesidad de volver a asumir nuestra cualidad periférica nos llevó a crear este «Manifiesto de niños». Antes de pensar en el futuro creativo del grupo, queremos estrenar la obra acá, en Buenos Aires.

Entrevista de Patricia Espinosa

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