Marina Rossell: «Hay modas que cambian según lo que
marca el mercado, pero el cantautor no desaparecerá
nunca».
La cantante catalana Marina Rossell se ha hecho fanática de Buenos Aires, a la que ha venido varias veces para cantar. «Este lugar tiene algo de París, de Madrid, de Barcelona, de Roma. Y si no fuera por las cosas que han pasado estaría en el mismo lugar que Nueva York».
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Rossell fue parte del movimiento «Nova Cançó». Se movió a la par de coterráneos como Lluis Llach, Ovidi Montllor o María del Mar Bonet. Viene editando discos desde mediados de la década del '70, en catalán y en castellano, y el último es un álbum de «habaneras coloniales», también en ambas lenguas. Para ella, «la habanera es una canción de ida y vuelta, y por eso nos representan tanto a españoles como a latinoamericanos. Es una música que ha sido génesis de otros géneros, nada menos que como el tango. Sin embargo, siempre ha sido considerado como menor; como un hermano mal querido»
Después de seis años de ausencia, Rossell hará una serie de actuaciones en nuestro país: Rosario (3/10), La Plata (4/10) y el teatro ND/Ateneo de Buenos Aires (5/10). «Lamentablemente, después tengo que irme rápidamente, porque empiezo con una seguidilla de actuaciones, en Frankfurt, en Atenas, en Roma y en varios lugares de España».
Periodista: Usted siempre se ha mostrado preocupada por las problemáticas sociales. ¿Cómo ve la postura de España respecto de la inmigración?
Marina Rossell: Me indigna ver que los gobiernos reciben a los inmigrantes -en muchos casos, hijos de sus propios ciudadanos- como si fueran delincuentes. Parece que es parte de la condición humana. Me tocó estar en Irak unos días antes de la invasión, y era patético ver cómo las mujeres enterraban agua y petróleo en previsión por lo que pudiera suceder. Pero, en fin, me ha tocado cantar en Israel y en Palestina, y me impresionaba ver cómo los mismos niños que un rato antes se arrojaban piedras, un rato después estaban compartiendo sus juguetes. Por otro lado, vivimos una época maravillosa respecto de la tecnología y la ciencia.
P.: ¿Qué lugar tiene en España, por estos tiempos, el estilo de cantautor que usted representa?
M.R.: Nosotros somos, de algún modo, herederos de los trovadores de la cultura provenzal, y creo que esta forma de expresión, la de la canción de autor, existirá siempre.
Yupanqui será eterno; o Gieco, o Brassens. Esa gente que ha hecho ver algo a través de una canción no se olvidará nunca. Pero yendo a lo concreto de su pregunta, me parece que ahora se ha repartido mejor el juego. Hay mucha más gente haciendo su música, cantando diferentes cosas. Están los que apuntan más al baile -como el hip hop o el ska-, los que buscan por los rítmos étnicos, o por el flamenco. Es una rueda que sigue girando y que nos permite estar a todos. En este sentido, tengo una mirada optimista del presente. Y, en todo caso, son las mismas compañíasdiscográficas -que, es cierto, padecen el problema de la piratería- las que muchas veces se transforman en enemigas de sí mismas. Donde sí pondría una crítica dura es sobre la televisión, que ha dejado de lado las programaciones de música a favor de los programas de crónicas rosas. No me parece mal que existan esos programas; el problema es que se han adueñado totalmente de la televisión.
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