Marina Lila
Sainz, Lucila
Maciel y
María Sara
Caldirola son
las autoras,
directoras y
exactas
oficiantes de
«Umbría»,
atractivo
espectáculo
que recorre
diferentes
«palos» del
flamenco.
«Umbría». Int., coreog. y dir.: M. L. Sainz, L. Maciel y M. S. Caldirola. (Sala Mediterránea, Tucumán 3378, sábados de noviembre).
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"Umbría" recorre a lo largo de una hora las alternativas de una pérdida y sus consecuencias espirituales y anímicas. Trazada como una sucesión de «palos» del flamenco, la obra de las coreógrafas Marina Lila Sainz, Lucila Maciel y María Sara Caldirola se estructura en cinco escenas de atmósfera lúgubre, como ya adelanta el título.
Las tres coreógrafas, además intérpretes y directoras del espectáculo, ofrecen una danza de alta potencia étnica. Más allá de las intachables condiciones técnicas de estas tres mujeres bravías hay en ellas una expresividad que se emparenta con la poesía lorquiana más trágica.
En el cuadro inicial, «Pulso de la muerte», surgen del silencio y de la oscuridad las siluetas de las mujeres sufrientes, quizá la misma dividida en tres aspectos complementarios. Tientos tangos es el primer «palo» que desarrollan siempre con el acompañamiento de la guitarra de Nicolás del Cid, el cante de Alvaro González y Montse Ruano, la percusión de Germán Gigena y la flauta traversa de Lucio de los Santos, todos buenos músicos consustanciados con la propuesta. En «Duelo adentro» se bailan seguiriyas, en «Alivio de luto», una soleá por bulerías, en «Sombras de la memoria», alegrías, y en «Al alba», una colombiana, vale decir, todo un compendio de las distintas formas coreográficas del arte flamenco.
Las luces, aunque adecuadamente mortecinas, dejan ver hasta el mínimo gesto de las tres mujeres, en combinaciones que pueden ser en tríos, de a dos o en solos de gran virtuosismo.
Los diseños coreográficos, pese a que surgen de esquemas básicos, cuentan con la creatividad de las autoras e intérpretes, a veces en franco enfrentamiento rítmico. Los trajes negros, pasan por momentos a rojos apagados, y el rito nocturnal se dirige hacia un desenlace, que insinúa el nacimiento de un nuevo día.
La proximidad del escenario, ubicado en un mismo plano con el de la platea, hace que el espectador sienta literalmente en el cuerpo la vibración vigorosa de este espectáculo de flamenco.
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