De no ser por el humor que Los Amados le imprimen a sus personajes, más de un espectador se entregaría a la nostalgia por la edad de oro de la canción romántica.
«Los Amados». Idea y Dir.: A. Viola. Dir. Mus. y Arreg.: L. Fiks. Esc. y Vest.: C. Villamor. (La Trastienda. Sábados de febrero 21 hs.)
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Asistir a un espectáculo de Los Amados es como viajar en el tiempo. Sus shows recrean los años de esplendor de la música latinoamericana, en medio de una fantasía tropical destinada a exaltar el amor eterno y la pasión desenfrenada. De no ser por el humor que estos nueve músicos y actores les imprimen a sus personajes, más de un espectador se entregaría a la nostalgia. Pero el concepto de amor romántico ha cambiado tan radicalmente desde los años '50 hasta ahora, que no queda más remedio que reírse ante la prédica sensiblera de Alejo «Chino» Amado, líder de esta banda.
El actor Alejandro Viola anima desde hace 17 años a este estrafalario personaje, puro jopo e indumentaria colorinche que entre tema y tema reflexiona sobre la fidelidad, las rupturas amorosas y las normas de galanteo. Como principal vocalista del grupo (en sus orígenes fue un trío), se esmera en darle a cada tema una resolución teatral mientras va narrando la historia de su banda a través de pequeñas intervenciones.
Se supone que Los Amados proceden de distintos países de Latinoamérica y que su llegada a Buenos Aires es parte de una interminable gira por el continente. Cada uno de los músicos tiene un signo distintivo. Por ejemplo, la tecladista Analía Rosenberg (de increíbles 26 años) compone a una niña prodigio criada en un kibbutz. El contrabajista y director musical Lisandro Fiks es Tito Richard Junquera, otro romántico incurable que, debido a un exceso de literalidad, siempre termina arruinando el poético fantaseo del Chino Amado. Fiks y Viola integran una buena dupla cómica con su mezcla de delirio e ingenuidad.
Musicalmente, la banda suena impecable. Oscar Durán (el moreno Cristino Alberó) saca acordes maravillosos de su guitarra y requinto. También los cantantes y percusionistas David y Rubén Rodríguez logran una destacada interpretación como «Los mellizos Black y Mambo Mendez». El resto de sus compañeros no se quedan atrás: Hernán Sanchez («Angel y su trompeta»); Fernando Costa (el percusionista y «ex doble de riesgo» Pocholo Santamaría) también dan vida a personajes difíciles de olvidar aun cuando no digan palabra.
La súbita aparición de Barbara Togander, como la cantante colombiana Dina Dulri, aporta un toque de glamour al show, ya sea con su interpretación de «Cheek to Cheek» o cuando canta a dúo con Viola «Historia de un amor», de Armando Manzanero y, más tarde, una arrolladora versión de «Chiquitita». Aunque el tema sea de ABBA no desentona con el resto del repertorio y lo mismo sucede con dos temas de Elvis Presley que el público festeja calurosamente.
Viola aprovecha la euforia general para bajar a la platea y conversar con el público dando pie a diálogos desopilantes. Tras una hora y media de show, los espectadores salen complacidos por esta grata fusión de música, teatro y humor.
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