19 de enero 2006 - 00:00

"Los hermanos Grimm"

Los falsos «Hermanos Grimm» del film de un Terry Gilliam que logra entretener, perosólo deja ver su sello en ciertas escenas que pueden impresionar fuertemente a los máschicos.
Los falsos «Hermanos Grimm» del film de un Terry Gilliam que logra entretener, pero sólo deja ver su sello en ciertas escenas que pueden impresionar fuertemente a los más chicos.
«Los hermanos Grimm» («The Brothers Grimm», EE.UU., 2005, habl. en inglés). Dir.: T. Gilliam.; Guión: E.Kruger (y, sin figurar en créditos, T.William y T.Grisoni). Int.: M. Damon, H. Ledger, M. Bellucci, L. Hendey, P. Stormare, J. Pryce.

N o son lo mismo Jacob y Wilhelm Grimm, autores de una «Gramática alemana» en cuatro tomos, un «Diccionario alemán» en cuarenta tomos, y una famosa recopilación de cuentos y canciones populares, «Kinder und Hausmarchen», en dos tomos, que Jake & Will Grimm, falsos cazafantasmas enfrentados a los sortilegios reales de un bosque maldito donde los niños desaparecen de forma espantosa.

Tampoco es lo mismo un legítimo lobo negro, chorreando saliva y tal vez sangre, que un lobo dibujado por computadora que rebota contra los árboles como si estuviera peleando en una cinta de kung-fu. Ni, mucho menos, el Terry Gilliam de «Las fantásticas aventuras del barón de Munchhausen», que el que ahora vemos, dirigiendo a puro oficio (y con más años encima) una idea de otros. Con todo, se pasa el rato, y hasta pueden recordarse al menos cuatro escenas impresionantes, en especial para los niños que se animen a verlas, referidas a otros tantos cuentos infantiles bastante morbosos: donde no se comen a uno, se comen a otro.

Tremenda, al respecto, la perversidad del hombrecito de pan de jengibre, tan inofensivo en los «Scherk». E interesante, la resolución, que puede considerarse metafórica: Jacob salva con mucho amor una representación popular, y ésta salva de la muerte a su hermano.

Aunque también puede verse como una moderna variación tipo pareja abierta del cuento de la Bella Durmiente: ¿por qué ella iba a irse con el primero que la besara, si el otro estaba más atendible?

Otros cuentos gozan apenas una brevísima y confusa referencia («Caperucita», la vieja con la manzana, la rana que espera un lambetazo, etc.). El vertebral, que algunos confunden con Rapunzel, es el de la reina de los turingios que se encerró en una torre para salvarse de la fe cristiana y de la peste. Como las viejas de «Brazil», con egoísmos y artificios pudo prolongar la vida, pero no la juventud, ni mucho menos la belleza. Por ahí puede reencontrarse a Gilliam.

También, en una sala de torturas, una cena aristocrática, dos cabezas cortadas, el retrato de quienes quieren imponer el progreso mediante la crueldad (en este caso, el racionalismo de los ocupantes napoleónicos), la posible existencia de un mundo de fantasía, paralelo al real, accesible a todo aquel que cree (y la aflicción de quien debe protegerlo de su propia credulidad), y, en fin, la clemencia para con el torturador italiano, al cabo más simpático que el general francés que lo manda.

Los elementos conductores de este relato (¿qué vamos a hacerle?) son dos carilindos del actual Hollywood vestidos de época, una flaca altiva con aires muy siglo XXI para una historia que transcurre a comienzos del XIX, un soldado napoleónico que usa boleadoras, y el clásico rescate americano en el último minuto. El final ya es casi cualquier cosa, con aldeanos alemanes bailando, locos de contentos, algo así como la tijera. Lo dicho, se pasa el rato. Dicho sea de paso, esta película hace rato que está en DVD, con «making» y todo.

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