Murió Raúl Lozza, gran maestro de la modernidad

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Murió el domingo el vanguardista Raúl Lozza, a sus 96 activos años, ya que hasta el fin de sus días continuó levantándose a la madrugada para pintar.

Lozza nació en 1911 en la bonaerense Alberdi. Hijo de un artista plástico, decorador, músico y constructor, fue el mayor de tres hermanos que se llamaban Rafael, Rembrandt y Van Dyck. Hasta los 8 años, cuando enfermó su madre, vivió en un bello palacete diseñado por su padre. En esos tiempos felices, según contaba Lozza en su correspondencia: «Mi padre enfrentaba la tarea de construir y decorar profusamente el teatro Roma al estilo de la Scala de Milán».

Con el arte en sus venas y el afán de aprender los secretos de la pintura, copió a los grandes maestros del arte como Rafael, Tiziano, Tintoretto, Rubens o Boucher. Reproducía con color las pobres imágenes en blanco y negro que conseguía en los diarios. A los 17 años presentó su primera exposición junto con sus hermanos, un total de 89 óleos de los cuales 49 eran de su autoría. Lleno de inquietudes intelectuales, apasionado lector y amante de la ópera y el cine desde la adolescencia, a los 19 años se radicó en Buenos Aires, donde se dedicó a escribir, estrenó una obra de teatro y se relacionó con el ambiente artístico.

Dueño de una ética intachable y una especial sensibilidad social, en 1925 fue uno de los fundadores de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos (SAAP), la primera asociación gremial y cultural que núcleo a los artistas visuales.

En 1944, las ideas de la Bauhaus palpitan en Buenos Aires, ciudad donde se edita «El Universalismo constructivo» de Joaquín Torres García. Ese mismo año surge el primer movimiento de vanguardia argentino y se publica la revista «Arturo». Pero los primeros trabajos abstractos de Lozza se remontan a 1939; son lo que él denomina «objetos espaciales de periferia irregular».

En esta dirección, con la fuerza renovadora de la vanguardia, Lozza crea en 1945 la Asociación de Arte Concreto-Invención, junto a Enio Iommi, Alfredo Hlito, Tomás Maldonado y Manuel Espinosa.

Luego, su búsqueda estética continúa en el «Manifiesto Perceptista». La influencia de estas revolucionarias abstracciones, consideradas «arte degenerado» por el ministro de Educación de entonces Oscar Ivanisevich, se extiende hasta hoy.

Lozza ha dejado nobles herederos. La lista de seguidores de los primeros abstractos es extensa, se incrementó cuando en la década del '90 los europeos descubrieron la creatividad de los argentinos, y están quienes reiteran las premisas de la vanguardia casi sin variaciones. Sin embargo, en las postrimerías del siglo XX, surgió una nueva generación que se apropió sin prejuicios de la belleza formal de las obras y logró crear un estilo.

Los ecos de la obra de Lozza se perciben en las de Jorge Gumier Maier, Fabián Burgos, Gachi Hasper, Pablo Siquier, Fabio Kacero o Cecilia Biagini, entre otros. Son los parientes lejanos del maestro modernista que mantienen viva la abstracción argentina.

Ana Martínez Quijano

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