10 de noviembre 2008 - 00:00

"Ni un detective sabe distinguir bien y mal"

Tommy LeeJones, junto alpresidente delFestival, JoséMartínezSuárez,durante lacharla públicaque ofreció enel Auditorium.
Tommy Lee Jones, junto al presidente del Festival, José Martínez Suárez, durante la charla pública que ofreció en el Auditorium.
Mar del Plata - Cuando, la noche inaugural, Tommy Lee Jones se retiró fastidiado ante la avalancha de noteros, dijeron que era antipático y le buscaron pelea, como hacían con Chilavert. Pero al otro día, ya sin noteros, Jones desarrolló con José Martínez Suárez una linda charla pública, ante el Auditorium repleto. Más tarde, cuando este cronista se disponía a entrevistarlo, estaba recibiendo con extrema amabilidad a la madre de uno de sus empleados en la Florida («su hijo es un caballerizo excelente», decía). Después sí, dialogó con este diario con el mismo buen humor:

Periodista: Sus dos films como director («The Good Old Boys», «Los tres entierros de Melquíades Estrada») destacan los viejos valores texanos. ¿Es una añoranza, o todavía existen?

Tommy Lee Jones: Ahora hay más gente en la ciudad que en el campo. Abandonaron el campo, se concentran en las ciudades. Esto cambió la calidad de vida y hasta la orientación política, hoy el principal partido de Texas es el republicano. Como sea, quienes siguen en el campo no han cambiado nada. Los buenos trabajan mucho, son generosos con todos, y se dedican a su comunidad. Los buenos hombres de campo están dispuestos a dar todo lo que tienen para ayudar, si es necesario. Y de los malos, no vale la pena hablar.

P.: Suena como la idealización que hacemos de nuestros gauchos.

T.L.J.: Los buenos gauchos y los buenos cowboys tienen mucho en común. Me consta, porque hace como diez años que vengo a la Argentina con mi familia, criamos caballos, ahora también tenemos una casa.

P.: ¿Y cómo son los texmexs?

T.L.J.: En primer lugar, no me gusta ese término. Todos vivimos al pie del desierto, a 200 millas del río que separa ambos países. Nuestra cultura es la mezcla de dos culturas, la unión de ambas. Y diariamente, de uno y otro lado, se ve torturada por dos sistemas políticos y sociales diferentes, ajenos a nosotros. Esto pasó siempre, usted sabe. Esa es la verdad, pero, bueno, dicho así suena demasiado dramático. Por suerte también nos reímos del asunto. ¿Para qué, sino, tenemos el humor?

P.: ¿Es de puro humorista que su hija menor se llame Victoria Kafka?

T.L.J.: Da la casualidad que ese era el nombre de soltera de mi abuela materna. Los suyos eran checos de Texas, se instalaron allí a mitad del S. XIX.

P.: ¿Y los del lado paterno?

T.L.J.:
Un poco antes. Mis hijos son texanos de novena generación.

P.: Tal vez tengan algún ancestro indígena.

T.L.J.: Si, de los cheroquis. Por eso, es natural que mis personajes representen a la gente de mi tierra. ¡Pero también hago personajes de ciudad, y bastante bien, según creo!

P.: Y se los pagan bastante bien. Siete millones de dólares por «Hombres de negro», veinte más las ganancias por «Hombres de negro II».

T.L.J.: Puede ser. Me sirven para mis caballos y mis películas.

P.: Hablando de ellas, ¿es cierto que antes de empezar «Los tres entierros de Melquíades Estrada» usted le repartió ejemplares de «El extranjero», de Albert Camus, a todo el elenco?

T.L.J.: Si. Quería alentarlos a que pensaran acerca de la alienación, que es uno de los temas de la película.

P.: Usted es graduado en Harvard (cum laude en literatura inglesa). ¿Pero dónde aprendió a dirigir?

T.L.J.: En los rodajes. Algunos directores, como Robert Altman, me dejaban curiosear todo. Otros me decían «¿Por qué no estás en tu trailer hasta que te llamemos?» No es que yo sea molesto, sino que algunos ponen distancia. Siempre digo, es como si en el zoológico les moleste que el mono los mire, y le digan «tranquilo, mono», cuando son ellos los que están intranquilos.

P.: Usted tiene un estilo calmo con amenaza potencial de nervios, como Gary Cooper, Gregory Peck, Clint Eastwood. ¿Lo siente también así?

T.L.J.: Bien, me ha puesto en muy buena compañía. Me encanta como suena. Pero no quiero regalarme flores. Hágame otra pregunta.

P.: ¿Cuál es su nuevo trabajo?

T.L.J.: «In the Electric Mist», de Bertrand Tavernier, sobre un detective de Louisiana con una idea muy firme del límite entre el bien y el mal, pero también con una imaginación muy frondosa, típica del Sur. A veces se le mezclan raciocinio y fantasía, y se pone violento.

P.: A diferencia del comisario de «No hay lugar para los débiles», o el sargento retirado de «En el valle de Elah».

T.L.J.: Sí, en parte porque ellos sienten que se han vuelto medio inútiles, o medio afuera de los nuevos tiempos.

P.: ¿Usted también se sienteasí, a veces?

T.L.J.: Yo, por Dios, no. Pero tampoco tengo ya una clara idea del límite entre el bien y el mal, como el detective de Louisiana. ¿Usted la tiene? Hágamelo saber.

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