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26 de noviembre 2008 - 00:00

"Nos Otros"

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Aunque tiene material digno de ser comentado en escuelas y otros sectores formativos, «Nos Otros» es menos profundo de lo deseable porque abarca demasiado sin apretar por ninguna parte.
«Nos Otros» ( Argentina, 2008, habl. en español). Dir.: D.L. Raichijk. Guión: A. Alvarez; documental.

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Leemos en la gacetilla informativa de este documental: «¿Hubo genocidios que no conocemos? ¿Solo venimos de los barcos? ¿Por qué los hijos y nietos de los inmigrantes discriminan a los recién llegados? ¿Cuánto racismo se esconde tras las hinchadas de fútbol? ¿Cuánto se camufla de inseguridad? ¿ Alcanzan las rejas para protegernos de nosotros mismos? 'Nos Otros' es un film que habla en profundidad sobre la discriminación en Argentina.»

Hecho en gran parte con material de noticieros, el film es menos profundo de lo anunciado, quizá porque su estructura coincide con la de esos especiales televisivos que saltan de tema en tema, a razón de uno por bloque, abarcando demasiado sin apretar por ninguna parte. Por ejemplo, empieza a contarnos el raid xenófobo de Tata Dios y sus secuaces, que el 1 de enero de 1872, en Tandil, mataron a 36 vascos e italianos, incluyendo mujeres y criaturas, pero salta a otro asunto antes de contarnos cómo fueron todos capturados y fusilados por la policía (algunos, directamente sin gastar en sellados).

Para más, al comienzo parecede orientación oficialista, con explicaciones sociológicas, el discurso habitual contra el general Julio Argentino Roca, y otros facilismos. Al respecto, un buen trabajo sobre nuestra acendrada discriminación debería empezar con la mala experiencia de Solís y de Juan de Garay, que apenas pisaron tierra incógnita los dueños de casa salieron de los matorrales y los mataron a palos, antes siquiera de ser presentados.

Pero de a poco, la sola exposición de nietos de italianos evidentemente capaces de confundir santiagueños con bolivianos, la visión de los tobas hoy raquíticos, y antes denostados pero fornidos en un noticiero de 1911, el registro de una marcha de protesta de textiles bolivianos portando un cartel que acusa con todas las letras a sus «patrones coreanos y judíos», y la serie de cánticos de hinchadas de fútbol que, como mayor ofensa, acusan a los del club rival de ser «judíos putos» (y quizás agreguen entre ambos sustantivos el más amplio «y/o») son escenas que valen más que cualquier discurso, y hacen que el film termine pareciendo casi un revelador «Mondo cane» suburbano, un «Africa, adiós» que, lamentablemente, no será seguido por nada que nos diga (si lo merecemos) «al gran pueblo argentino, salud».

En suma, un trabajo irregular, pero con material digno de ser comentado en las escuelas y otros sectores formativos.
P.S.

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