Paloma Herrera inicia hoy en Rosario una amplia gira nacional.
«Llevo toda la infraestructura del Colón, porque lo que
quiero brindar es lo mismo que hago en cualquier lugar del
mundo».
Paloma Herrera está de vuelta en el país y se apresta para presentarse hoy ante el público de Rosario, en el Teatro del Círculo, donde bailará con David Hallberg, primer bailarín del American Ballet Theatre, acompañada por el ballet estable del Colón y la dirección artística de Raúl Candal. La gira, que incluye 42 personas, entre bailarines y equipo técnico del Colón, continuará el viernes 31 de agosto y el sábado 1º de septiembre en el Estadio Orfeo Superdomo de Córdoba, para culminar el miércoles 5 y jueves 6 de septiembre en el Auditorio Bustelo de Mendoza.
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Con gesto disciplinado, cara lavada y un atuendo casual, Herrera logra sincronizar la energía de la mente y el cuerpo. Despliega ese saludable equilibrio que buscaba Juvenal y encarna un personaje que se acerca, deliberadamente, a la perfección. Su carrera ascendente es producto del talento, pero también del voluntarismo, de una actitud positiva donde no cabe la zozobra. Sobre el rigor que impone ser una estrella del ballet, sus gustos y sobre la importancia que le adjudica al dominio de la técnica, conversó con este diario en el departamento de sus padres, en la calle Billinghurst, casi esquina Libertador.
Periodista: ¿Qué expectativas le genera la gira que inicia mañana?
Paloma Herrera: Me siento feliz. Vengo seguido a Buenos Aires y bailé en el Colón, pero también en el Luna Park y en el San Martín. Trato de hacer cosas que me gusten, y tenía muchas ganas de ir a las provincias. Por supuesto, es complicado porque la estructura en el interior no es la que tiene el Colón. Además, yo no quería llevar cualquier cosa. Si voy hago lo mismo que en Buenos Aires o en cualquier otra parte del mundo. No es que voy a ir sola o con un grupito a presentar cualquier cosa. Para mí lo más importante es la danza y no me serviría ir a bailar porque sí.
P.: ¿Todo tiene que ser perfecto?
P.H.: Me encanta salir al escenario y no podría disfrutarlo con un espectáculo mediocre. No estaría respetando lo que soy yo y lo que hago.
P.: Entonces, ¿les ha demandado a las provincias que monten una estructura de buen nivel, que se ajuste al estándar internacional?
P.H.: Justamente, por eso la gira es una coproducción mía. Así yo puedo estar involucrada y traer mi partenaire del American Ballet y llevar todo el ballet estable del teatro Colón. Como es imposible cubrir estos gastos, el sponsor que me ayuda es el Banco de Galicia, de otro modo no dan los números. Sobre todo con un bailarín extranjero al que se le paga en dólares. Es el modo en que a mí me gusta hacer las cosas.
P.: ¿Para llevar el control?
P.H.: No. No es el control. Me gusta mantener la calidad y bailar con una persona que me gusta, que es una figura estrella. Y no bailar así porque sí.
P.: Todos aseguran que la técnica es su fortaleza. ¿Hasta qué punto es importante el dominio de la técnica, y hasta qué punto se convierte en obsesión?
P.H.: La técnica es un vehículo para mí. Me encanta tomar clases, me encanta ensayar. Las clases son lo más rutinario que hay, vengo haciendo lo mismo desde que tengo 7 años, y sin embargo me gusta. Porque siempre hay algo que se puede mejorar, porque se puede lograr algo más, pero sobre todo, porque me da la libertad de llegar al escenario tranquila. Me encanta ensayar. En primer lugar lo disfruto, porque es lo que amo. Pero además porque ensayar me da la libertad de olvidarme de todo. No se puede ir a un escenario pensando si esto me va a salir o no me va a salir.
P.: ¿Ha pasado por alguna situación de inquietud?
P.H.: No.
P.: ¿Nunca? Los más grandes artistas la tienen...
P.H.: Salir al escenario implica una excitación, la misma que sentí cuando bailé la primera vez en la compañía y que sigo teniendo. El día que no la sienta más tengo que dejar de bailar. Hay ballets que hice muchas veces y sin embargo, esa sensación, esa emoción que siento antes de salir al escenario, es única. Pero ese sentimiento no va con los nervios, ni con el miedo. Por eso digo que me gusta ensayar y dominar la técnica para tener todo bajo control.
P.: ¿Cómo le resulta salir del teatro para bailar en los grandes auditorios, ante un público más amplio?
P.H.: A mí me encanta. Aquí bailé en el Luna Park y en México en el Auditorio, que es inmenso. Me parece maravilloso que más gente pueda apreciar el ballet y que no sea sólo un grupo. Ahora algo está cambiando, hay más gente que se acerca. No creo que sólo pueda disfrutarlo el entendido. Algunos no se acercan porque no conocen los pasos o la posición de los brazos, pero si les llega, tienen que ir. Si le toca ver a alguien que le transmita algo, no se necesita el saber, se puede apreciar el ballet desde diferentes niveles. La gente le ha perdido el miedo al ballet.
P.: ¿Qué hay en su vida más allá de lo profesional?
P.H.: Mi carrera fue siempre muy importante, y no porque quisiera llegar desesperadamente a algún lado sino porque me hace feliz. Me gusta arriesgar en nuevos proyectos. Por eso me gusta el American Ballet, porque tiene todos los clásicos pero además lo nuevo, el repertorio es muy amplio. Soy consciente de que amo lo que hago, pero también de que hay mucho más en la vida y no estoy encerrada en una burbuja. Tengo una familia que me ayudó a tener los pies sobre la tierra y lo que hice lo hice porque me gustaba.
P.: ¿Qué hace cuando no baila?
P.H.: Escucho otro tipo de música, veo espectáculos, teatro, leo y veo otras cosas. No me gustan mucho las fiestas, me encanta salir con mis amigos. Mi novio es abogado y no tiene nada que ver con el ballet. No se puede vivir pensando que lo único que existe en el mundo es una zapatilla de danza.
P.: ¿Cómo es su vida en Nueva York?
P.H.: Cuando estoy allá es porque trabajo a full, si no, estoy acá. Vengo muy seguido. Nunca me quedo allá de vacaciones. Soy muy familiera.
P.: ¿Qué le falta alcanzar?
P.H.: En la vida no hay límite, siempre hay algo que alcanzar. Siempre hay un teatro donde no bailé, o un ballet que no bailé; trabajar con un coreógrafo que me entusiasme.
P.: ¿Qué es lo bueno y lo malo de ser una celebridad?
P.H.: Es todo bueno, no hay nada malo. Si pudiera volver atrás y elegir de nuevo, volvería a hacer exactamente lo que hice. Me fui a los 15 años a vivir sola a Nueva York. Si lo pienso ahora es bastante inconsciente, pero la verdad es que con esa oportunidad que se me presentaba, tocaba el cielo con las manos. Uno lo piensa ahora y puede decir qué loco, pero en ese momento estaba feliz. Nueva York es una ciudad que se ha portado bien conmigo.
P.: ¿Se está haciendo rica con la danza?
P.H.: ¿Rica de plata? No. El ballet nunca se pagó bien. Tampoco me interesa ser famosa ni hacer fortuna, me siento rica con lo que hago. Uno de los momentos más felices de mi vida fue cuando bailé gratis en Cuba.
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