"Por culpa de Bergman me ofrecen papeles de cura"

Espectáculos

San Sebastián - Maravillas del Tercer Mundo: con excepción de periodistas argentinos y, obviamente, suecos, casi todos los demás (españoles, italianos y angloparlantes) no conocían el vozarrón natural del actor Max Von Sydow, uno de los actores favoritos de Bergman, porque siempre lo oyeron doblado. También muy pocos conocían su actuación en el grotesco «Presagio» de Mauro Bolognini (1977), donde él hace de mujer, un drama fuerte, grotesco, que incluye descuartizamientos, visto (cosa contradictoria) en la Argentina en épocas de censura, pero no en España, que entonces estaba en pleno destape.

Von Sydow vino a San Sebastián a recibir el premio especial Donostia. Dialogamos con él:

Periodista: Por no irnos más lejos, cuéntenos sus comienzos hace medio siglo.

Max von Sydow: Me formé en la Academia del Teatro Nacional de Suecia. Pasé tres años allí, como alumno, con trabajo constante y variado. Comedias, tragedias, de todo. Alf Sjoberg era entonces el gran director. Tuvo gran éxito con «La señorita Julia», una obra de tres personajes, entonces la llevó al cine agregándole varios otros. Y me eligió como ayudante de establo. Un papel muy pobre, pero con él entré al cine.

P.: Luego se hizo famoso como «el alter ego de Ingmar Bergman», según dicen todavía hoy los programas del festival.

M.von S.: Las obras de Bergman reflejan muchos aspectos de su personalidad, o de sus preocupaciones, y algunos de los personajes que hice fueron parte de eso. Por ejemplo, el caballero que busca la Revelación Divina en «El séptimo sello», el artista oscuro frente a la sociedad burocrática en «El mago», el pintor que trabaja fuera de la sociedad, manipulado por extraños personajes de un castillo en «La hora del lobo». En todo caso, no soy más alter-ego que Erland Josephson, mujeres.

P.:
Pero tiene más parecido físico. Y por esos personajes pasó a hacer papeles religiosos en Hollywood.

M. von S.: ¡Cierto! ¡ Bergman tiene la culpa! Y también los productores sin imaginación ni valentía. Hice de Cristo, de cura, de San Pedro, hasta del Demonio, que es un personaje religioso.

P.: ¿Y usted es religioso?

M. von S.: Bueno, me crié como luterano, religión de la que me alejé tras hacer de Cristo. Hoy vivo en Francia, país católico, mi mujer es católica, eso me atrae, pero no pertenezco a una determinada fe. No me pida respuestas en ese sentido.

P.: Le preguntamos entonces solo por su carrera. ¿Qué trabajos suyos le gustan más?

M. von S.: El que me dio el mayor placer hacer es «Pelle el conquistador», sobre un campesino, emigrante sueco. Ya había hecho, además, de campesino emigrante en «La nueva tierra» y su continuación, ambas con Liv Ullmann. Luego, bueno, hice más de cien películas. Podría mencionar, así al pasar, «La historia más grande jamás contada», que no era tan buena pero cambió mi vida, «Tres días del Cóndor», que es un thriller inteligente, y ahora una miniserie francesa, «La marcha Radetsky», sobre una familia que se hunde junto con el imperio austrohúngaro.

P.: ¿Y «Presagio», donde tuvo que hacer de mujer?

M. von S.: Hay que contarla. Es sobre una mujer que durante la guerra pierde varios hijos, solo le queda uno, está mal económicamente, y entonces decide convertir en jabón y galletitas a sus propias amigas (interpretadas por actores, para que haya un tono más grotesco). La policía acusa al hijo, que por ir a la cárcel se salva de ir a la guerra, pero años después se sabe la verdad, y ella se hace popular por los disparates que dice en el juicio. Es una historia totalmente absurda, pero real. Lástima que la actriz, Shelley Winters, convirtió al personaje en una bruja loca, no en un ser humano inteligente, lo que hubiera sido más gracioso, y más peligroso.

P.: ¿Y qué directores recuerda ahora con más aprecio?

M. von S.: Sjoberg, Bergman, Jan Stroell, Billie August, he tenido muchos directores, muy distintos. Disfruté mucho con John Huston, excelente persona, de gran humor, afecto a las bromas pesadas. Ya entonces, como tenía cierta edad, en el plató solo se sentaba y daba órdenes a través de sus asistentes. Sin embargo, cuando alguna actuación no le gustaba, se levantaba y él mismo representaba cómo hacerla. Recuerdo que en el ensayo de una escena con ocho actores, él actuó para ellos los ocho personajes. En cambio, cuando fui a hacer un pequeño papel en «Hanna y sus hermanas», descubrí que Woody Allen empleaba actores sustitutos. Preparaba la escena con ellos, luego nos hacía entrar, los sustitutos mostraban todo delante de nosostros (cómo desplazarse, etc.) y entonces los reemplazábamos para hacer el rodaje.

P.: ¿Cómo fue su encuentro con Woody Allen?

M. von S.: Me mandó contratar. No pude reunirme con él hasta el mismo día del rodaje. Me visten, me maquillan, lo veo que está cerca, y cuando voy a saludarlo, desaparece. Así, dos y tres veces más, hasta que logré arrinconarlo y le dije «Hola». No entendía qué pasaba, y es que me veía como «el actor de Bergman». Sin embargo, me considero fácil para trabajar a las órdenes de cualquiera.

P.: ¿Lars von Trier, por ejemplo?

M. von S.: Ah, él me obligó a grabar mi voz tirado en el suelo, pero el resultado fue bueno. Lo que no me gusta es que mueva tanto la cámara en sus películas Dogma. Tiene razón en simplificar las cosas, pero no para mover la cámara en el primer plano de un actor. Creo que «Contra viento y marea» gustó porque en el medio había algunos planos quietos. La última que hizo es interesante. No es cine, pero es interesante.

P.: Usted también fue director.

M. von S.: Dirigí una vez, pero solo porque me había gustado muchísimo una novela,estaba entusiasmado por llevarla al cine, y los directores a quienes se la proponía me decían «¿por qué no la hace usted?». Me gustó la experiencia y hasta recibí elogios, pero lo mío es la actuación. Me gusta actuar. Lo que no me gusta es que ahora, como ya estoy mayor, lo que más recibo son ofertas para hacer de abuelo que aparece enfermo en la página 10 del guión, y muere en la página 32.

P.: Hablemos entonces de cómo preparó sus papeles, por ejemplo, para hacer de Cristo, y para convertirse en mujer.

M. von S.: Ya había rechazado hacer de Cristo en «Rey de Reyes». Pero los de «La historia más grande jamás contada» me invitaron a Hollywood, me mostraron bocetos, me hicieron leer el primer guión, escrito por el gran poeta Carl Sandburg, que además era hijo de suecos, el director George Stevens me dijo que quería mostrar un Cristo Hombre, no la imagen de catequesis, etc. Acepté, firmé. Leí muchas obras de historia y religión, George Bernard Shaw ha escrito cosas maravillosas sobre religión, etc. Fueron cinco meses preparándome. A la hora de leer el guión definitivo, vi que era algo así como «El Evangelio según Stevens». Algunas cosas se pudieron cambiar, otras no. Quedó como una película de muy lindas imágenes y muchísima gente hablando y hablando. La otra parte de la pregunta se la debo.

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