Una de las tres
versiones de
«Baile en el
Molino de la
Galette»,
vendida en
1990 a un
empresario
japonés por
u$s 78
millones, el
mayor precio
pagado por una
obra de Renoir
hasta el
momento.
Pierre Auguste Renoir nació en Limoges el 25 de febrero de 1841. Pese a que vivió tan sólo cuatro años en la tierra de la porcelana, durante mucho tiempo se dedicó a pintar platos decorados a mano. Instalada la modesta familia en París, vivían cerca del museo del Louvre, que se convirtió en el lugar favorito del joven Auguste. Su padre era sastre y todos debían trabajar para mantener el hogar.
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Cuando las máquinas comenzaron a ser las mejores para decorar la vajilla se le acabó en trabajo a nuestro artista, que se dedicó a pintar abanicos y, en sus ratos libres, a copiar obras de clásicos en el Louvre. Recién a los 21 años, Renoir comienza a tener una adecuada educación artística en el taller del maestro suizo Charles Gleyre. Ahí trabajaba con Pisarro, Cezanne, Monet y Berthe Morisot, quienes serían junto con Bazille, sus grandes amigos de toda la vida. Para sobrevivir vendían cuadros en las calles y también pintaban postales a mano.
Cuando empieza a enviar sus obras al Salón oficial, casi siempre era admitido, pero no tenía compradores. Se dedicaba a la figura, que era su tema preferido, a diferencia de sus compañeros impresionistas que se dedicaban al paisaje. Igual, realizó varios, pero siempre en pequeño formato y pintados del natural. Algunos de los 70 mejores se pueden ver hasta el 20 de mayo en la National Gallery de Londres donde se exhiben sus mejores pinturas. A los 40 años, comenzó a vivir de la pintura gracias al apoyo de su mecenas, Georges Charpentier, que era dueño de grandes tiendas comerciales en Francia. En ese momento se casa con una de sus modelos, Aline, que le dará tres hijos, dos de ellos (Jean y Pierre), famosos como directores de cine. Fundamental fue su marchand en el desarrollo de su obra. Armand Vollard escribió un libro insoslayable sobre él, lleno de anécdotas e interesantes charlas entre ambos.
Los últimos años, acosado por el reuma, debe moverse en silla de ruedas y hasta atarse los pinceles a los dedos. Normalmente, el tamaño de sus lienzos de figuras era 100x81cm y 65x45cm. En los últimos años de su vida, sus obras se empequeñecendebido a los problemas reumáticos, que no dejan movilizarse el pintor. Falleció el 3 de diciembre de 1919, a las dos de la mañana, sentado frente a su caballete, pintando.
Se estima que realizó cuatro mil pinturas e infinitos dibujos, donde se destacan las sanguinas; ayudado por un escultor español, realizó algunas esculturas que no aportan mucho a su arte. Fue uno de los puntales del impresionismo y uno de los pocos que disfrutó de un buen pasar durante su vida. Sus dibujos aparecen frecuentemente en el mercado a un valor promedio de 30.000 dólares, y sus grabados rondan los 1.500 dólares promedio.
En los últimos diez años, su cotización promedio subió 50%, Se venden alrededor de 260 obras por año, la mayoría grabados, con una cotización firme y sostenida; un 10% son pinturas, de cuyas ventas se obtienen anualmente unos 60 millones de dólares en promedio. Es el artista número 11 en el ranking de ventas de arte.
Una de las tres versiones de «Baile en el Molino de la Galette» (hay otra en la coleccion Phillips de Washington, que es alquilado frecuentemente para sostener el museo) fue comprado por el japonés Saito en mayo de 1990 en 78 millones de dólares. El flamante propietario amenazó con hacerlo incinerar junto con su cuerpo cuando falleciera, pero se sabe que lo revendió hace unos años por problemas financieros.
Cerca de 20 obras de Renoir se han vendido entre 12 y 24 millones de dólares. Hace unas semanas un tema clásico (y bastante aburrido) de dos hermanas se vendió en Londres en 13 millones.
Renoir fue Armonía y Belleza, un cómodo sillón para contemplar la vida, como decía su amigo Henri Matisse.
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