21 de enero 2008 - 00:00

Repetto, un maestro a redescubrir

Digno de figurar entre los grandes maestros del arte argentino, Armando Repetto fue un pintor posimpresionista cuyos paisajes seducen fundamentalmente por sus característicos cielos tormentosos.
Digno de figurar entre los grandes maestros del arte argentino, Armando Repetto fue un pintor posimpresionista cuyos paisajes seducen fundamentalmente por sus característicos cielos tormentosos.
Atista injustamente olvidado, la obra de Armando Repetto lo revela como uno de los grandes maestros del arte de los argentinos. Aproximadamente 50 de sus cuadros se ofrecen en el mercado de subastas porteño todos los años. No era un pintor de obras de gran tamaño; le gustaba la mancha del natural que realizaba en formatos de 40 x 50 a 24 x 30 centímetros. Aunque no es un artista de alta cotización, sí es muy frecuente en el mercado.

Igualmente,a casi 40 años de su fallecimiento, sus lienzos quintuplicaron sus precios. Por ejemplo en septiembre de 1956 una obra de 40 x 50 centímetros costaba 3.500 pesos (878 dólares de hoy), en 1964 subió a 25.000 pesos (1.052 dólares de hoy) y actualmente una obra de medidas similares asciende a 4.800 dólares.

Ha sido el paisaje su tema preferido aunque también realizó algunos retratos de soldados y de gauchos. Pintor postimpresionista, los cielos tormentosos son característicos de sus obras y no hay una época especialmente destacada de su producción.

Hijo de un pintor aficionado y nieto de un artesano carpintero especializado en la realización de mascarones de proa, Armando Repetto nació en Buenos Aires el 28 de febrero de 1893. Su obra, dada a conocer tardíamente, es producto de largos años de reflexión y labor solitaria. A los 24 años se graduó como ingeniero civil y su brillante desempeño en la profesión le restó tiempo a su vocación de pintor. No obstante, aprovecha sus permanentes viajes por el país para pintar el paisaje argentino como aficionado. En 1940, cuando se encontraba en el umbral de los cincuenta años, a instancias de sus compañeros, realizó su primera exposición en los salones de la empresa metalúrgica en la que trabajaba, vendiendo de inmediato la totalidad de las obras. Luego dos tradicionales galerías porteñas Müller y Argentina lo contaron entre sus artistas avalando la calidad de su producción. A los 60 años de edad abandonó la ingeniería, para dedicarse definitivamente a la pintura.

Poeta de lo cotidiano, solo necesitaba mirar a su alrededor para encontrar el motivo para una obra: la ropa al viento en una tarde tormentosa, una lancha amarrada, un bote en el Tigre, los arroyos puntanos y cordobeses, etcétera.

Posiblemente sus cielos tormentosos son lo que más seducen de toda su obra. Su dibujo ajustado, su exquisito tratamiento del color son cualidades que se enfatizan en sus cuadros de pequeño formato en los que logra un notable nivel de intimidad y preciosismo; toques cortos de pincel y espátula, materia vibrante, increíble riqueza de matices dentro de un mismo tono. El 2 de Abril de 1968, a los 75 años, fallece en Buenos Aires.

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