La semana empieza con mejores señales que la que terminó, y hay quienes sostienen que lo peor de la crisis inmobiliaria pasó. Ben Bernanke, el titular de la Reserva Federal, puede salir prestigiado. No se guardó ningún arma para que el país evite la recesión. Dejó en segundo plano el problema inflacionario y se concentró en resucitar la actividad económica. Inyectó dinero y recortó las tasas de interés de manera notable. Fueron dos apuestas fuertes que pueden comenzar a dar resultados.
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En la otra punta, su antecesor, Alan Greenspan, advierte que esta va a ser la crisis más grande después de la Segunda Guerra Mundial.
Lo cierto es que ahora hay algo más de optimismo en los inversores. Creen que lo que sucedió la semana pasada, fue lo más fuerte de la crisis.
En la acortada Semana Santa -ya que los mercados permanecieron cerrados el viernes- el Dow Jones Industrial Average recuperó 3,4%; el índice NASDAQ de los valores tecnológicos subió 2,1%; y el más representativo Standard & Poor's 500 ganó 3,2%, pero siguen en baja en el año.
Los mercados tuvieron una intensa semana que comenzó el domingo con una inesperada baja de las tasas de descuento a los bancos. Luego vino el salvataje de Bear Stearns que estaba al borde del colapso, por parte del banco JP Morgan Chase, con la ayuda de la Reserva Federal que, al mismo tiempo, anunció un nuevo esfuerzo para llevar liquidez al sacudido sector financiero.
La Fed cortó luego su tasa en 75 puntos básicos, para llevar el interés de sus fondos federales a 2,25% anual, coronando una serie de reducciones iniciada en setiembre pasado.
«Los inversores continúan preguntándose si estamos llegando al fondo de un proceso o si el piso de los mercados está a punto de colapsar», dijo Bob Dollar, estratega de BlackRock.
«Desafortunadamente no hay una vía rápida y efectiva de definir el piso de un mercado. Nuestra mejor estimación es que nos acercamos al piso, más que al comienzo de un colapso mayor, y que no estamos tan lejos de los mínimos», agregó.
David Bowers, consultor independiente que asesora a Merrill Lynch, dijo que con el alto nivel de pesimismo que existe este año en los mercados, están dadas las condiciones para un incrementoque ahuyente a los operadores que apuestan a nuevas caídas. Algunos analistas llaman a la prudencia frente a lo que podrían ser intentos de apostar contra el mercado.
«Todas las medidas adoptadas recientemente por la Reserva Federal tomarán tiempo para surtir efecto sobre la economía», dijo Gregory Drahuschak de Janney Montgomery Scott.
«Esto no sucederá en cuestión de pocos días o semanas. Aunque los operadores quieran una rápida resolución de la actual crisis, esperarlo es un error. Establecer un piso durable para el mercado toma tiempo», agregó.
Advertencia
Mary Ann Hurley, analista de DA Davidson & Co., advirtió que podría ser demasiado pronto para celebrar el fin de la tormenta que azota a los mercados financieros. «Yo quiero a mis amigos optimistas, pero desearía que tomaran una ducha fría», afirmó.
«Este es un sacudón de proporciones históricas. Es la mayor burbuja inmobiliaria y la más grande burbuja de crédito en la historia» y todavía no está claro cómo el sistema bancario sorteará la peor crisis en décadas, dijo.
«Los precios inmobiliarios continúan cayendo, los embargos continúan aumentando, los bancos están dañados, el consumidor sufre, hay más problemas de crédito en ésta que en cualquier otra crisis», resumió.
En la semana se publicarán algunos indicadores clave.
Por caso hoy se conocerá el índice de reventa de propiedades de febrero y mañana el índice de confianza de los consumidores de marzo. El miércoles, es el día de más tensión porque se difundirán los datos de ventas de viviendas nuevas. El jueves se darán las cifras finales del PBI del cuarto trimestre y los pedidos semanales de ayuda por desempleo.
El viernes culminará la semana con los datos de gasto e ingresos familiares de febrero y el tradicional índice de confianza de consumidores de la Universidad de Michigan.
En la Argentina, los bonos pueden recoger una escasa parte de este buen humor. El clima interno es muy pesado y hay animosidad contra los títulos argentinos en pesos por la manipulación del INDEC, a cargo de Ana María Edwin.
Los únicos que se mantienen son los cupones PBI que pagarán un alto rendimiento a fin de año en comparación con su precio. En la semana mermó la demanda porque temen que una caída de Estados Unidos afecte el crecimiento de la Argentina. Pero si el humor del mundo mejora, como lo está haciendo, los cupones reaccionarán.
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