Múltiple Katia Ricciarelli, de prima donna a prima attrice: llegó a Buenos Aires para presentar su primer protagónico dramático, "La segunda noche de bodas", de Pupi Avati.
"¿Alguien puede seguir pensando, en los años de Internet y la comunicación digital, que los jóvenes puedan interesarse en una heroína virginal y pura que canta sus penas en un escenario?". Quien lo dice no es una enemiga de la ópera, todo lo contrario. Es Katia Ricciarelli, una de las sopranos más famosas durante los '70 y '80, con una vasta obra discográfica a sus espaldas y actuaciones permanentes en las más importantes salas líricas del mundo desde su debut como Mimí en «La Bohème», en 1969. Entre otros logros, fue la elegida por Franco Zeffirelli para su versión cinematográfica del «Otelo» de Verdi, junto a Plácido Domingo.
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Ricciarelli llegó ayer a Buenos Aires por sólo 24 horas. Una de las primeras cosas que la sorprendió fue el cierre del Teatro Colón por reformas, del que no estaba enterada. «¿Pero marcha todo bien?», preguntó. «Sería un crimen dañar, aunque sea ínfimamente, la acústica de este teatro. Lo recuerdo como uno de los mejores en los que canté».
Compañera sentimental durante más de una década de José Carreras, casada luego (y separada al poco tiempo) del conductor estrella de la TV italiana Pippo Baudo. la visita de Ricciarelli no se debió esta vez a su condición de cantante sino a la que estrenó hace dos años, actriz de cine, tal vez la nueva faceta de una carrera a la que de ahora en más parece querer dedicarse con fervor. En su primer protagónico dramático, interpreta a una mujer de la posguerra italiana en el film «La seconda notte di nozze» («La segunda noche de bodas»), que dirigió Pupi Avati y que inaugurará hoy la Semana del Cine Italiano en el Cinemark de Palermo, ciclo organizado por el Incaa y Filmitalia, una sociedad del grupo Cinecittà Holding. Dialogamos con ella, retomando aquella frase inicial:
Periodista: ¿Entonces, la ópera murió?
Katia Ricciarelli: No, por suerte no aún, pero hay muchos que la están matando. Y eso es lo que tenemos que evitar todos quienes amamos a la ópera. No hay que ceder, hay que modernizarla, revivirla. Cualquier audacia es bienvenida. Mantenerse en los criterios tradicionales de hace un siglo es completamente estúpido. Si lo hacemos así, la ópera sobrevivirá muy poco tiempo más y después se extinguirá.
P.: Me recuerda usted a Sherill Milnes, quien cuando empezó a retirarse de los escenarios habló de la ópera como de un «museo».
K.R.: Es cierto, la ópera es un museo, un maravilloso museo. Y lo que hay que conseguir es mantenerlo abierto, no cerrarlo con actitudes anticuadas. Hay muchos que parecen no haberse dado cuenta de que el público conservador ya no existe. Y si queremos atraer a las nuevas generaciones, la ópera debe hablar otro lenguaje. Y eso es posible, con audacia y talento claro. Yo no me he retirado tampoco, si bien ya no canto óperas integrales. Continúohaciendo recitales de canto-y soy, desde hace cuatro años, la directora artística de la Opera de Macerata.
Cine
P.: Bien. Vayamos al cine. Tampoco es demasiado nuevo para usted, porque el 'Otelo' de Zeffirelli era también un film.
K.R.: Nada que ver. Filmar una ópera, con el consiguiente playback, no es una experiencia comparable al cine. Para mí, esto fue un debut, más allá de que también hice algo de «fiction» [lo dice en inglés] en la televisión. Y fue un placer trabajar con un cineasta como Pupi Avati, un maestro. Su manera de dirigir, de mirarte al rostro desde muy cerca, transmitirtelo que quiere conseguir.
P.: ¿Cómo llegó a hacer este film?
K.R.: Fue Avati quien me buscó para proponérmelo, y después de leer el guión acepté de inmediato. Allí me di cuenta del por qué de su propuesta. Creo que es un papel pensado para mí. Me atrae esa época de posguerra en la que se ambienta, la caracterización de esa mujer desorientada, viuda, pobre, con un hijo crápula...
P.: ¿Un neo-neorrealismo?
K.R.: No, al contrario. Es un drama sentimental, lírico a su manera. La mujer, poco después, va a conocer a su cuñado, un retrasado mental, y descubre que ese hombre, desde su juventud, estuvo siempre enamorado de ella. Poco a poco, habrá una relación que prescinde muchas cosas, empezando por el sexo. Pero preferiría no adelantar nada más.
P.: ¿Cuál fue la diferencia sustancial, para usted, entre salir a un escenario a cantar ópera y actuar en cine?
K.R.: El público, desde luego. Lo que se siente en un teatro es incomparable. Pero el cine tiene misterios que el teatro no tiene. En primer lugar, que una no tiene idea de cómo está saliendo todo: el ritmo de las tomas, las repeticiones, la fragmentación. Permanece la intriga hasta que la película está terminada, y allí, la revelación súbita.
P.: Seguirá en el cine, por supuesto...
K.R.: Claro que sí. Ahora hice una pequeña participación en el nuevo film de Cristina Comencini, «Bianco e nero», pero es casi un «cameo». Espero mi segundo protagónico...
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