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Huérfano desde temprano, también tempranamente viudo, con cuatro hijos pequeños y sin mayor dinero, el joven uruguayo Fernando Piria logró pararse sobre sus propios pies, se movió en diversos campos, siempre por su cuenta, salió largamente de pobre y hasta se construyó su propio castillo. Algo más: así como Henry Ford mandó construir Fordlandia en pleno Amazonas, y Carlos Idaho Gesell levantó una arboleda y una villa donde solo había médanos, Piria, sin siquiera requerir ayuda del Estado, levantó una ciudad entera entre las sierras y el Mar Dulce. Y la llamó Piriápolis.
Utópico, transformó ese lugar en un balneario a la europea, levantó el Hotel Argentino como culminación excelsa de su obra, se enfrentó a los políticos, los gremios y la Iglesia, escribió una novela de anticipación imaginando cómo sería su país dentro de 200 años, quiso repetir su experiencia en Punta Lara y aquí fue boicoteado. En 2012 Gustavo L. Mendoza lo comparó con el Ciudadano Kane y le dedicó un entusiasta documental, “Ciudadano Piria”. Lo que vemos ahora, “El mundo entero”, de Sebastián Martínez, avanza un poco más en la historia y en los mitos que la rodean. Lo hace con mayores recursos, algún otro archivo, y una voz distante y monocorde. Entre bellezas mantenidas o derruidas, hacen sus aportes algunos descendientes, tres historiadores, el administrador del hotel y una experta en la simbología esotérica que puede verse en sus diversos rincones. Dicen que era alquimista, pero eso queda en el misterio.
“El mundo entero” (Argentina, 2020). Dir.: S. Martínez. Documental. (Cine.Ar).
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