30 de diciembre 2005 - 00:00
Spielberg, entre "Mary Poppins" y Medio Oriente
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por «Munich», y mientras tanto encara la producción de una remake
de «Mary Poppins»
Spielberg, que recientemente se desprendió de su propia productora Dreamworks, oficiará como productor ejecutivo y supervisor del proyecto, y le confiará la dirección al mismo creador de la puesta teatral, Richard Eyre, uno de los grandes nombres del espectáculo británico, autor de numerosas versiones escénicas y cinematográficos de clásicos y modernos. «Spielberg me habló de su proyecto, y ambos sabemos que es difícil competir, y mucho menos superar, el original de 1964 con Julie Andrews. Por eso mismo, y con los efectos especiales con los que hoy cuenta el cine, haremos una versión sustancialmente distinta, a la altura de estos tiempos. Creo que los chicos adoran todavía la historia, por lo que la remake podría ser también un gran éxito» dijo Eyre al diario londinense «Daily Express».
En la entrevista, Spielberg señala que «estaba seguro de que mucha gente se iba a sentir mejor si yo dejaba claro que esa represalia era intrínsecamente mala, o buena, pero la película no toma ninguna posición. Se niega a hacerlo.A los extremistas de izquierda o derecha les habría satisfecho una respuesta clara de la película, pero el guión no hace otra cosa que cargar el peso de la respuesta sobre el público. No existen respuestas fáciles, que pueda dar un film, al episodio histórico más complejo de los últimos 50 años».
Según le reconoce a su estrevistador, Spielberg dice que lo han hecho sentir mal aquellos comentarios que dijeron que su película lo convirtió en una persona «no amiga de Israel». «Soy todo lo pro-israelí que se pueda imaginar», se queja ahora. «Desde el día en que tomé conciencia moral e histórica de la importancia del Estado de Israel y su necesidad de existir, he creído que no sólo a Israel, sino al mundo entero, le hace falta que Israel exista. Pero hay un elemento constituyente que hace que cualquier cosa que uno diga o haga no será del todo satisfactoria. El prisma con el que ven las cosas es tan profundo y enraizado, forma parte tan íntimamente de su pensamiento, que si uno lo desafía, desafía automáticamente todas las cosas en las que creen», dijo con amargura.
«Han visto esta película como muy crítica de Israel», agregó. «Pero la película se ha proyectado ante públicos palestinos que la juzgaron demasiado pro-israelí. No encontraron en ella el sufrimiento palestino expuesto como hubieran querido. Creo que me intención fue decirle al público: si esta película te asusta, o te molesta, o te altera, lo mejor que puedes hacer es no ignorarla, sino pensar en por qué reaccionas de esa forma.»
Spielberg también ha sido víctima de otros ataques, como el de aquellos críticos, o políticos, que opinaron que nada serio podría esperarse en una película que hizo un director dedicado a llenar cines con dinosaurios, marcianos y tiburones. Ante esta recriminación, se defiende: «Esta es la típica reacción de los iluminados y los elitistas, aquellos que creen ser dueños absolutos de la verdad, y a quienes molesta que el gran público se interese en problemas como la guerra en Medio Oriente. Preferirían que la película fuera a parar al tacho de basura. Ahora bien, esa forma de pensar no es democrática, no es judía, no es digna de una sociedad justa».




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