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28 de octubre 2008 - 00:00

Trastienda romana

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  • Tarda en irse el calor de Roma: días soleados, noches algo sofocantes, y a veces alguna tormenta súbita. Además de las jornadas de cine del Tercer Festival Internacional, hay encuentros como el almuerzo al que concurrimos en la casa de la distribuidora top de Italia, Adriana Chiesa, un antiguo y remodelado piso en tres niveles sobre Piazza Spagna (hoy el barrio más caro de Roma: el metro cuadrado se cotiza en alrededor de 40.000 euros, contra los 35.000 aproximadamente del segundo, Piazza Navona).

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  • Chiesa es mucho más que la titular de uno de los más grandes sellos de distribución de Italia. Aunténtica figura social infaltable en cuanto evento social vinculado con el cine se realice, es la viuda del gran director de fotografía Carlo Di Palma, que trabajó no sólo en grandes títulos de la pantalla italiana de las últimas décadas sino también con Woody Allen, que lo tenía como fotógrafo de cabecera luego de Gordon Willis y Sven Nykvist. Allen, cada vez que se detiene en Roma, se hospeda en el piso de Adriana, de lo que da testimonio no sólo las fotografías enmarcadassino también algunos libros y hasta apuntes suyos que reposan, como al descuido, sobre una de sus mesitas de living. Tres días atrás también pasó por su casa Al Pacino, que llegó por un día a Roma en su jet privado para presentar, en la apertura del festival, su film inédito Chinese Coffee. A propósito: no podía dejarse de comentar que la nueva novia de Pacino es una joven argentina, que vive desde hace algún tiempo en Los Angeles (aunque no lo acompañó en este viaje a Italia).   

  • A su mesa, durante el almuerzo que compartió este diario, estaban Francesco Ventura, viceministro de Bienes y Actividad Cultural (del que depende el cine), la belga Aviva Silver, directora del programa Media de la Comunidad Europea, Diamara Parodi Delfino, directora general del Mercado del Film del Festival de Roma, y Bernardo Bergeret, gerente de Asuntos Internacionales del Incaa. Este año, por primera vez, compite un film argentino en la muestra («El artista», de Cohn y Duprat, protagonizado por el escritor Alberto Laiseca en su debut cinematográfico).

  • Desde ya, se conversó en primer lugar sobre los efectos, de consecuencias aún imprevisibles, que tendrá sobre el cine la actual crisis económica global y la falta de crédito: la idea general era que, al menos en Europa, la demanda de entretenimiento podría no verse demasiado afectada en un primer momento aunque sí la oferta, lo que obviamente terminaría golpeando también la demanda y produciendo la búsqueda de productos alternativos, la necesidad de un mercado internacional más sólido, y no tan fragmentado, para los productores y distribuidores cinematográficos. El otro tema que convocó la atención es menos técnico y más sabroso, e involucra a un gran músico italiano, un amorío secreto y un juicio en ciernes.   

  • Giacomo Puccini, de él se trata, es motivo este año en Italia y también fuera de ella de una gran cantidad de homenajes, miniseries y películas (algunas ya realizadas, otras por hacerse en lo inmediato) para celebrar los 150 años de su nacimiento. Chiesa tiene la distribución del título más conflictivo, «La fanciulla del lago», una opera prima que realizó un investigador italiano que, tras años de pesquisas, descubrió no sólo un baúl con una gran cantidad de correspondencia secreta entre el compositor de La Boheme y una misteriosa dama llamada Giulia (esto ocurrió casi sobre el final de la vida de Puccini), de cuya existenciano se tenía noticia. No sólo apareció ese epistolario hasta ahora desconocido sino también un sorprendente fragmento de película, de siete minutos, donde el músico toca el piano, bromea y mira a cámara haciendo gestos ampulosos (ese material se presentó por primera vez en el último festival de Venecia). Pues bien: la aparición de esta correspondencia echa por tierra con la idea que manejaban los historiadores de que una mucama de Puccini, en sus años en Torre del Lago, había sido su gran amor secreto y que, por ello, la mujer terminó suicidándose en el lago. En realidad, sostiene el film, esa mucama sólo fue la «mensajera del amor» entre Puccini y Giulia, con quien tuvo un hijo que, más tarde, luego de su muerte, le dio una nieta.

  • La demanda que entabló contra la película la anciana dottoressa Simonetta Puccini, nieta oficial del compositor y dueña de todos los derechos mundiales de la obra del compositor (que defiende con más celo que María Kodama la obra de Borges) es más que entendible: no sólo se terminaría con la historia como se la conoce hasta ahora sino que, en caso de verificarse lo que dice el film, habría ya más de una heredera del legado Puccini. A Chiesa, naturalmente, se le preguntó sobre su opinión en el asunto, y fue muy clara: «Yo quisiera un euro por cada nieto no reconocido que debe haber de Puccini.
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