Además de los paisajes marítimos argentinos y uruguayos, las recreaciones de temas holandeses de Jacques Witjens también son muy demandadas por el mercado.
Jacques Witjens, junto con Stephen Robert Koekkoek (1887-1934), son los dos artistas provenientes de los Países Bajos que han sido más prolíficos en nuestra tierra.
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Witjens llega a la Argentina en 1920 y durante 36 años realiza aproximadamente 15.000 obras. Son sus temas de playas los más buscados por el mercado. Las realizaba en Atlántida, Uruguay, aunque también visitó Mar del Plata y Pinamar. Sus recreaciones de temas holandeses también son muy demandadas y su cotización fluctúa entre los 15.000 dólares por obras de 70 x 80 centímetros, hasta 1.000 dólares por las obras de 14 x 18 centímetros.
El artista tuvo dos hijos: Hernán, que era empleado de la Embajada del Reino de los Países Bajos, y también pintor aficionado, que vivió los últimos años de su vida en Atlántida; y Rolando, que junto a su esposa Marisa siempre han cuidado la memoria del artista y han vivido siempre en Hurlingham.
Jacques Witjens tenía una facilidad impresionante para pintar y una rapidez extraordinaria, y sus principales clientes eran los funcionarios de empresas extranjeras que lo visitaban en su estudio de la City porteña. Recorrió todo el país y también Bolivia y Perú. Pasaba temporadas en Calamuchita, Córdoba, pintando las sierras, y también la ciudad de Buenos Aires y el paisaje de Tigre, fueron algunos de sus temas predilectos.
Adrianus Hendrikus Witjens, tal su verdadero nombre, nació el 11 de abril de 1881 en La Haya, Holanda. Estudió bajo la dirección del pintor y litógrafo August Allebe, de quien recibe una sólida formación técnica. Tuvo sus talleres en su ciudad natal y también trabajó en Harlem y Utrecht. En 1920, recién casado con Genie, una alemana que conoció cuando ambos estudiaban música en Holanda, y siendo ya un artista formado y con reputación europea, decidió conocer la Argentina. Al conocer el Tigre y sus alrededores, fascinado con el entorno, decidió quedarse definitivamente aquí, donde realizó lo más significativo de su obra pictórica.
Instalado en aquella localidad bonaerense realizó una gran tarea como paisajista, recreando las visiones asombradas de la nueva tierra que lo recibió y también, con nostalgia, las imágenes de su tierra natal con sus típicos canales, molinos, aldeanas y pescadores. Su amor por el paisaje argentino ha quedado registrado en sus obras, con la rigurosidad y maestría técnica que le había sido marcada por los cánones de la Escuela de La Haya. Aunque su paleta abandona los grises europeos, volviéndose más luminosa, fuerte y vital.
En 1925 participó por primera vez en una exposición en nuestro país, fue en el Círculo Belga de la ciudad de Buenos Aires. Tres años después tuvo su primera exposición individual, en la desaparecida Galería Naumans, y a partir de entonces, sus exposiciones, siempre exitosas, fueron continuas. Falleció en Buenos Aires, el 7 de diciembre de 1956.
Siempre es curioso advertir cómo los artistas extranjeros saben «ver» de una manera diferente nuestro paisaje. Es como si lo vieran desde una atalaya, desde un punto de vista que les permite reparar en aquello que, por cotidiano para nosotros, no sabemos apreciar, y toca a ellos el señalarnos su importancia y los valores que la componen.
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