Esta semana, en coincidencia con un ejercicio militar en el terreno que realizará el Ejército en Salta (Tartagal, Pichanal, San Antonio de los Cobres, con helicópteros y paracaidistas), habrá una reunión de mandos en el Estado Mayor Conjunto para analizar la incorporación de 25.000 voluntarios a las Fuerzas Armadas. De ellos y en los papeles 15.000 irán al Ejército, y el resto por partes iguales será incorporado a la Armada y a la Fuerza Aérea. El proyecto busca sacar a jóvenes desocupados de la calle, para descomprimir una situación social que en muchos lugares amenaza desbordarse, como ya ha ocurrido. El interrogante es el de siempre: el origen de los fondos que finalmente serán destinados a este fin, un resorte que ha manejado en forma excluyente, retaceándolos, Roberto Lavagna desde el Ministerio de Economía.
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Lo de los fondos que se asignarán es clave por el tipo de «voluntariado» de que se trata. Por lo pronto, deberá establecerse en qué provincias o ciudades será ordenada la convocatoria de jóvenes entre 18 y 25 años y cuánto cobrarán de asignación mensual. La puja de intereses políticos de gobernadores e intendentes no tardará en hacerse conocer. La leva será local, porque estos soldados voluntarios pasarán el día en una unidad militar, pero volverán a dormir a sus casas, que por la misma razón tienen que estar en los alrededores.
No sólo recibirán instrucción militar y serán uniformados; también recibirán capacitación en un oficio ( carpinteros, electricistas, plomeros, etc.), como para que en el momento en que se reincorporen a la vida civil puedan aspirar a tener una salida laboral.
Otro de los problemas claveque los jefes castrenses buscarán evitar es que en las unidades militares los soldados más antiguos o mejor instruidos terminen haciéndose cargo de los novatos voluntarios. Fue una de las críticas más amargas que debió asumir el entonces jefe del Ejército,Martín Balza, cuando ocurrió el asesinatodel soldado Carrasco en la Patagonia, que provocó que Carlos Menem cancelara el servicio militar obligatorio. En charlas con sus subordinados, Balza los exhortaba a no admitir esa deformación profesional de transferir autoridad en quienes no estaban capacitados para hacerlo.
Sin embargo, antes y ahora en mayor proporción, es muy difícil retener a oficiales y suboficiales con tiempo completo en los cuarteles. A las cúpulas de las Fuerzas Armadas les consta que un gran número de los cuadros en actividad tiene un segundo trabajo para poder subvenir a las necesidades de la familia. Y los futuros soldados voluntarios van a reclamar autoridad para ser conducidos.
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