El ministro de Seguridad de Buenos Aires, León Arslanian, sorprendió ayer al manifestarse en favor de no pagar rescates por los secuestros extorsivos. A pocas horas de ser liberada la empresaria Patricia Nine en el partido de Merlo, tras 25 días de cautiverio, el funcionario avanzó en una idea que en otros países ya tiene fuerza legal. Se trata de la prohibición de pagar por las extorsiones en casos de secuestro, algo que el ministro hasta ahora sólo recomendó. Respecto de Nine, se confirmó que no se pagó dinero alguno. Hubo otras novedades de peso ayer, jornada que culminó con una cumbre en Casa de Gobierno entre Néstor Kirchner, Felipe Solá y el ministro de Seguridad de la provincia. Vuelve a modificar León Arslanian la estructura de la Policía Bonaerense. Y lo hace contrariando lo que estableció como regla básica en su anterior gestión como ministro. A partir de noviembre, las jefaturas departamentales (abarcaba varios partidos de la provincia cada una) que él diseñó en su momento serán vaciadas, y en su lugar se conformarán policíasdistritales que operarán en cada municipio del conurbano -también en las grandes ciudades del interior-y estarán bajo el mando de un jefe policial. Implica un proceso de descentralización que busca una mayor eficiencia de los uniformados porque, entre otras cosas, desaparecen las megaestructuras de las departamentales, cuyos efectivos comenzarán a cumplir tareas en los distritos. También, en teoría, acercará la Policía a los vecinos. Sin embargo, tiene un costado polémico:aunque no será designado por el intendente, el comisario a cargo de cada policía distrital tendrá un estrecho vínculo con el jefe comunal. Fue justamente Arslanian quien con más dureza denunció la presunta connivencia entre los intendentes y la Policía. Pero ahora diseña un sistema que parece beneficiar esa relación, antes por él mismo cuestionada. En paralelo, Felipe Solá envió una señal de estabilidad al anticipar que pedirá una prórroga de la Ley de Emergencia Policial pero que esa norma excepcional ya no se usará para efectuar purgas masivas en la Bonaerense. Es un cambio de actitud que, al menos, servirá para mejorar la autoestima de los uniformados que, desde que reasumió Arslanian, temían que el mínimo error de procedimiento implique su relevamiento y expulsión de la fuerza de seguridad.
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