24 de febrero 2005 - 00:00

Disgusto

Algunos prelados parecen no haber escuchado las palabras del papa Juan Pablo II, cuando llamó a los judíos «mis hermanos mayores en la fe». Es, sin dudas, el caso del obispo de Montevideo Pablo Galimberti, quien dijo ayer que «respecto a la reacción de los judíos, por lo que yo los conozco y trato con ellos, son hipersensibles a todo lo que tenga que ver con el Holocausto. No lo quieren ver comparado con otras cosas, es como que entienden que se trata de algo único e irrepetible». Se refería al disgusto que expresaron entidades hebreas de todo el mundo por un pasaje del libro «Memoria e identidad» escrito por el Pontífice, en el que compara al aborto con la Shoá.

Respecto de la hipersensibilidad, está claro que los judíos tienen todo el derecho a serlo: el exterminio motorizado por el régimen nazi acabó con la vida de seis millones de judíos europeos (un millón de ellos niños menores de doce años), lo que por entonces era la mitad de la población judía mundial. Es comprensible, entonces, esa «hipersensibilidad», que seguramente sufriría cualquier otra nación del mundo sometida a una ordalía semejante. En cambio, adjudicarle sólo a los judíos la intención de que la Shoá sea «algo único e irrepetible» es al menos absurdo y anticristiano. Y, además, contrario a todas las enseñanzas y prácticas de Juan Pablo II.

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