20 de agosto 2004 - 00:00
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Strajman dijo que estaba en condiciones de reconocer a uno de esos dos delincuentes y así fue que el presidente del Tribunal Oral Federal (TOF) 1, Mario Costa, hizo parar a los imputados, y Strajman, apuntando con su mano derecha, la que le falta el dedo meñique, señaló a Diego Gastón Sibio como uno de sus captores. El joven dijo que se lo llevaron en su propio Peugeot 504 y de allí lo pasaron a uno de los dos autos que la banda tenía de apoyo, donde lo vendaron y ataron, hasta que lo trasladaron al primero de los tres sitios donde estuvo cautivo.
Strajman contó que allí -la casa de Holmberg 1295 de Villa Urquiza, propiedad de los Sommaruga lo hicieron bajar unas escaleras hasta un sótano donde lo sedaron con una pastilla.
«Judío de mierda, hijo de puta, vos y tu viejo son dos ratas», recordó que le dijeron antes de iniciar una sesión de torturas que incluyó golpes y quemaduras con cigarrillos.
Strajman relató a continuación la amputación de su dedo y aclaró que no lo anestesiaron, ni sedaron: «Uno me dijo 'dame la mano' y empezó a golpearla con algo que no era un martillito. Si bien uno solo hizo el corte, todos los que estaban ahí ayudaron. Había varios, cinco o seis personas. Uno me agarraba de una mano, otro de la otra, uno de una pierna y otro de la otra y el quinto me cortaba el dedo, supongo que con una pinza», explicó. También dijo que le dieron de comer pizza y le refregaron jamón por la cara y le decían: «Judío de mierda, comé jamón».
• Traslado
La víctima luego mencionó que fue trasladado hasta un tercer lugar de cautiverio que era un dúplex del barrio Bonanza de Pilar, donde recordó que subió una escalera y lo encerraron.
Cuando lo dejaron solo, pudo desatarse, quitarse la venda y ver por una ventanita que estaba encerrado en un altillo. Miró su reloj y era la hora cero del 18 de octubre. Tuvo la chance de escapar, pero al ver un perro tuvo miedo de que ladre y sus captores lo matasen de un balazo y prefirió no fugarse.
Alrededor de las 4 escuchó ruidos, se asomó a la ventanita y vio a la Policía. Fue el propio Strajman quien les abrió la puerta del dúplex a los detectives que lo rescataron.
Además de Sibio, Strajman complicó ayer la situación de otros dos imputados, Osvaldo Keroa y Pablo Sommaruga, ya que aseguró que durante su cautiverio escuchó que dos de sus secuestradores se llamaban entre sí por los nombres « Osvaldo y Pablo».




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