20 de agosto 2004 - 00:00

Estremecedor: secuestrado pidió ejecutar a su raptor

«Treinta y siete años es lo máximo que podemos pedir. Yo pediría pena de muerte, ejecutada por mí. O tres o diez millones de años», resumió ayer el joven Ariel Strajman, secuestrado y mutilado en octubre de 2002, luego de relatar ante un tribunal federal que juzga a sus captores sus durísimos días de cautiverio. A Strajman lo secuestró un grupo que estaría integrado por nueve delincuentes -llamados «la banda de los patovicas»- de los cuales cinco pertenecen a una misma familia (los Sommaruga) y los restantes serían allegados que se dedicaban a la seguridad en boliches bailables.

En el momento del secuestro, Strajman tenía 27 años y se convirtió en el primer amputado de un caso extorsivo cuando le mutilaron un dedo meñique. A lo largo de su testimonio, de casi dos horas, Strajman relató su secuestro desde el 16 de octubre de 2002, hasta su liberación dos días más tarde.

• El secuestro

Guiado por su abogado querellante Carlos Wiater, relató que fue secuestrado alrededor de las 22 cuando fue interceptado en el garaje de su casa en Combatientes de Malvinas 3282 en Villa Urquiza, por dos hombres que se colaron por debajo del portón.

Strajman
dijo que estaba en condiciones de reconocer a uno de esos dos delincuentes y así fue que el presidente del Tribunal Oral Federal (TOF) 1, Mario Costa, hizo parar a los imputados, y Strajman, apuntando con su mano derecha, la que le falta el dedo meñique, señaló a Diego Gastón Sibio como uno de sus captores. El joven dijo que se lo llevaron en su propio Peugeot 504 y de allí lo pasaron a uno de los dos autos que la banda tenía de apoyo, donde lo vendaron y ataron, hasta que lo trasladaron al primero de los tres sitios donde estuvo cautivo.

Strajman
contó que allí -la casa de Holmberg 1295 de Villa Urquiza, propiedad de los Sommaruga lo hicieron bajar unas escaleras hasta un sótano donde lo sedaron con una pastilla.

Luego contó que al día siguiente lo trasladaron a su segundo lugar de cautiverio. Se presume que fue la casa de la calle Avalos 1383, propiedad de uno de los hermanos Sommaruga, donde vivió lo peor de sus 28 horas de secuestro.

«Judío de mierda, hijo de puta, vos y tu viejo son dos ratas»,
recordó que le dijeron antes de iniciar una sesión de torturas que incluyó golpes y quemaduras con cigarrillos.

Strajman dijo también que uno de los que lo insultaba le advirtió: «Ahora vas a saber lo que sentían en el Holocausto» y otro le indicó que grabarían una cruz esvástica en la frente.

Strajman
relató a continuación la amputación de su dedo y aclaró que no lo anestesiaron, ni sedaron: «Uno me dijo 'dame la mano' y empezó a golpearla con algo que no era un martillito. Si bien uno solo hizo el corte, todos los que estaban ahí ayudaron. Había varios, cinco o seis personas. Uno me agarraba de una mano, otro de la otra, uno de una pierna y otro de la otra y el quinto me cortaba el dedo, supongo que con una pinza», explicó. También dijo que le dieron de comer pizza y le refregaron jamón por la cara y le decían: «Judío de mierda, comé jamón».

• Traslado

La víctima luego mencionó que fue trasladado hasta un tercer lugar de cautiverio que era un dúplex del barrio Bonanza de Pilar, donde recordó que subió una escalera y lo encerraron.

Cuando lo dejaron solo, pudo desatarse, quitarse la venda y ver por una ventanita que estaba encerrado en un altillo. Miró su reloj y era la hora cero del 18 de octubre.
Tuvo la chance de escapar, pero al ver un perro tuvo miedo de que ladre y sus captores lo matasen de un balazo y prefirió no fugarse.

Alrededor de las 4 escuchó ruidos, se asomó a la ventanita y vio a la Policía. Fue el propio Strajman quien les abrió la puerta del dúplex a los detectives que lo rescataron.

Además de
Sibio, Strajman complicó ayer la situación de otros dos imputados, Osvaldo Keroa y Pablo Sommaruga, ya que aseguró que durante su cautiverio escuchó que dos de sus secuestradores se llamaban entre sí por los nombres « Osvaldo y Pablo».

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