El presidente Kirchner y su esposa brindaron con los reyes de España, durante el almuerzo de ayer en la Bolsa de Comercio de Rosario.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
«Se trata de un argentinismo», comentó, jocoso, el director general de la editorial Alfaguara, Juan Cruz. «Buenos días en español se dice buenas tardes en argentino», dijo. Noé Jitrik, intelectual que se reparte entre este congreso y el paralelo, recurrió a la imaginación: «Es que debe haber habido una discusión conyugal antes de partir. Ella le habrá dicho: '¿Cómo vas a ir vestido así?'». El filósofo rioplantese Tomás Abram, mientras aguardaba, sólo aportó: «Que se apuren, porque a las 9 de la noche empieza Argentina y Venezuela».
Poco humor en cambio se advertía en los responsables de la organización y manejo del congreso (más la Secretaría de Medios que de Cultura), que a medida que pasaban los minutos corrían de un lado a otro prendidos a los celulares.
En ese teatro impaciente por una demora que complicó no sólo al protocolo, sino también a los canales de televisión, que tenían previsto empezar a emitir desde las 11, perturbó la tranquilidad de Ernesto Sabato, que terminó convirtiéndose en la atracción insospechada de la mañana: su palco se llenó de visitantes que insistían en sacarse una foto con él. Rodeado por un fuerte cordón policial, Sabato había llegado muy temprano a El Círculo, acompañado por su fiel Elvira González Fraga (compartieron un vino en la misma copa, en un palco donde le habían puesto varios platitos de maní que el autor de «El túnel» no dejó de mascar durante la ceremonia). En el aplausómetro popular, Sabato también se llevó la más sonora ovación mientras ingresaba al teatro, a unos pasos de María Kodama (que lo precedió y que no recibió el mismo tratamiento).
Ariel Ramírez y Juan Carlos Saravia también fueron aplaudidos con fervor. Los académicos no, pero ¿quién aplaude a un filólogo?
A las 12.35, la entrada de sus majestades españolas y el presidente argentino y su esposa (presidenta honoraria del congreso) dio lugar a que se iniciara el acto de apertura. Primero se emitió grabado, tal como estaba previsto, un video con unas palabras del casi centenario académico Francisco Ayala, quien avanzó sobre el tema de la relación entre el mundo verbal y el real, sobre las cosas y sus denominaciones. La parte más interesante de su discurso, sin embargo, comenzó cuando recordó sus años de enseñar en escuelas y universidades de América latina, incluyendo Rosario cuando era un exiliado.
A continuación, Carlos Fuentes (ya en vivo) demostró no ser sólo un brillante expositor, sino también un consumado actor. Habló del Popol Vuh y de las migraciones, de amenazas y bendiciones, de conquistadores y misterios. « Llevamos laureles, pero andamos descalzos», graficó, para referirse al destino del español como una lengua que ha encontrado siempre continuidad en lo cultural, pero no así en lo económico y lo político. Su discurso mezcló latinismos con porteñismos, Sor Juana Inés de la Cruz con Borges, clásicos y tangos («de esos que le sacan viruta al piso»), contundencias con pausas, silencios con miradas sugestivas al auditorio. El hipnotizado rostro de la subsecretaria de Cultura, Magdalena Faillace, ubicada en el escenario con un vestidito verde claro más discreto que el que había lucido la noche anterior para recibir a los reyes, era un anuncio de la ovación, sobre todo femenina, que sobrevendría en el teatro cuando el autor de «La muerte de Artemio Cruz» concluyó su acto y saludó ante los aplausos como un viejo tenor.
Difícil tarea la de Héctor Tizón, que debió hablar después. Pero su arranque, realmente emotivo, le ganó la rápida simpatía del auditorio. Dijo que se apartaría un instante del protocolo, antes de leer su discurso: «Estuve muy enfermo, casi a punto de no poder estar hoy aquí», dijo, «y por eso quiero agradecer a mi esposa Flora Guzmán, a quien le debo poder continuar». El escritor y juez jujeño, a continuación, se extendió sobre el tema de la diversidad y la igualdad en la lengua. A continuación, el rey Juan Carlos agradeció y alentó la realización de este tercer congreso de la lengua, «cuya idea», recordó, «se remonta a la exposición internacional del quinto centenario del descubrimiento de América, que se hizo en Sevilla, y que afortunadamente hace ya cuatro años que es una realidad».
El cierre, con las palabras de Néstor Kirchner, no pudo evitar el perfil de campaña. Dio la bienvenida a los participantes del congreso, y dijo que la afirmación de la identidad de una lengua también tiene que ver con la autoestima de los pueblos, como es el caso actual de la Argentina. Dijo que la globalización, uno de los lemas de esta edición del encuentro, tiene su parte buena porque achica las distancias entre los pueblos, pero también fue algo malo, como en los años '90, «cuando la importación de productos desvalorizó los nuestros».
Apuntó también a las lenguas aborígenes («la identidad no tiene que ser cerrazón, y por eso el español tiene que estar abierto al mestizaje»), y concluyó diciendo que una de las virtudes del lenguaje correcto es la «transparencia de las ideas, algo muy importante en el mundo de la política al cual pertenezco, y nuestro gobierno es y debe ser así».
Dejá tu comentario