Los satélites de la NASA detectaron un aumento de hasta 1,7 °C en la temperatura del océano Pacífico oriental y variaciones de hasta 40 centímetros en el nivel del mar, dos señales que permiten seguir la evolución de El Niño. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), en octubre había un 83% de probabilidad de que se estuviera desarrollando el episodio más intenso desde 1950.
La NASA sigue el avance de El Niño y advierte por un posible fenómeno climático sin precedentes
El monitoreo satelital detecta señales en el Pacífico ecuatorial que podrían anticipar uno de los episodios más intensos de las últimas décadas. En octubre, la NOAA calculó en un 83% la probabilidad de que el evento estuviera en desarrollo.
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La comparación muestra las variaciones en la altura de la superficie del mar entre 2025 y 2026. El rojo y el naranja indican niveles superiores a lo normal, mientras que el azul señala niveles más bajos.
El fenómeno ocurre, en general, cada dos a siete años y se caracteriza por el calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial. Sus efectos pueden modificar los vientos, las lluvias y la distribución del calor en la atmósfera, con consecuencias diferentes según la región del planeta.
Las señales que muestran los satélites
Una de las primeras pistas apareció en enero de 2026, cuando los instrumentos detectaron cerca de Micronesia una onda Kelvin, un desplazamiento de agua cálida que avanza de oeste a este a través del océano y transporta calor hacia Sudamérica.
Este movimiento puede debilitar los vientos alisios, que habitualmente soplan desde América hacia Asia. Como consecuencia, el agua caliente se acumula en el Pacífico oriental y aumenta la temperatura del mar. A comienzos de abril, las mediciones mostraron que la expansión de esas aguas había elevado el nivel del océano entre 30 y 40 centímetros en algunas zonas. En cambio, cerca de Indonesia y el norte de Australia, la superficie marina se encontraba entre 15 y 20 centímetros por debajo de lo habitual.
“Las ondas Kelvin son como el latido del corazón de El Niño”, explicó Josh Willis, científico del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA. Según el especialista, los satélites permiten observar esos movimientos y seguir el desarrollo del fenómeno.
El calentamiento también afecta la vida marina
Otra señal aparece en el color del agua. Las imágenes registradas por el satélite PACE muestran que algunas zonas del Pacífico ecuatorial presentan tonos más azules que en 2025, un cambio asociado con una menor presencia de fitoplancton, organismos microscópicos que constituyen la base de la cadena alimentaria marina.
Durante El Niño, el debilitamiento de los vientos reduce el ascenso de aguas profundas cargadas de nutrientes. Al disponer de menos alimento, el fitoplancton disminuye y eso puede afectar a otras especies que dependen de él para alimentarse.
“Algunas personas piensan que el agua es simplemente azul, pero es asombroso la multitud de colores que puede tener el océano”, señaló Matthew Kehrli, integrante del equipo científico de PACE.
La NASA continuará observando la temperatura, la altura y el color del océano para comprender cómo evoluciona El Niño. Estos datos también ayudan a estudiar sus posibles efectos sobre las lluvias y otros patrones climáticos a escala global.




