Culpa en empresarios y en el modo desaprensivo de vivir de los argentinos. Los empleos públicos, por recomendación política, quitan idoneidad que puede salvar vidas con controles correctos. Pasaron demasiadas horas antes de que se oyera una voz oficial. Inexplicable actitud de Kirchner que mantuvo silencio como el criticado presidente ruso Putin al hundirse un submarino nuclear. Hoy indagarán al dueño del local, Omar Chabán, detenido hace tres días. La Policía trabajaba anoche en los identikits de los presuntos responsables de la bengala que incendió el boliche. Se dispuso la caducidad de las habilitaciones de todos los bailables de la Capital Federal. Ayer inhumaron los restos de 91 víctimas fatales. Hoy, a las 18, marchan desde el local en Bartolomé Mitre y Ecuador hasta la Jefatura del Gobierno porteño los familiares, amigos y allegados de los 182 fallecidos y más de 700 heridos en el trágico episodio.
El dolor de los jóvenes ayer, despidiendo a familiares y amigos en el Cementerio de la Chacarita, donde fueron enterradas 91 personas durante el fin de semana. Por la noche, ante las puertas del Palacio de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, alrededor de 3.500 personas manifestaron pidiendo justicia tras la tragedia.
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Buscaremos culpables para desahogarnos; encontraremos, sin duda, culpables o los inventaremos. Habrá cuidados, hasta exagerados, durante unos meses pero si se accidenta un micro y hay muertes descubriremos que tenía vencida la fecha de inspección, si se hunde un barco no nos sorprenderá saber que llevaba menos chalecos salvavidas que pasajeros, si se incendian oficinas leeremos que no tenían suficientes extinguidores o estaban vencidos. ¿Acaso no duró menos de un mes el control de los cinturones de seguridad en los automovilistas? ¿Acaso en el pasado no organizamos gigantescos operativos para que el alocado tránsito nacional circulara respetando las líneas blancas que obligan a enfilar los vehículos, para no encandilar en las rutas, para usar permanentemente la luz de giro al doblar, para limitar la velocidad, para suprimir las picadas en las calles? En un país donde durante las manifestaciones callejeras se defeca en los atrios de las iglesias,donde en edificios públicos se permite humillar a la Iglesia oficial del Estado, donde la mayoría de la documentación o permisos se obtiene por recomendación o coima, donde la mitad de los empleados trabaja en negro, donde se compran votos y se adulteran comicios, donde evadir impuestos es un deporte, donde se hacen cirugías clandestinas en cocinas, donde a artistas populares se les condonan sus deudas fiscales, donde cobra dos y tres planes asistenciales la misma persona, donde en cada inundación se prometen las obras de contención que se sabrá que no se cumplirán al sobrevenir la siguiente, donde se aprende a jugar al golf para acompañar a un presidente y sacarle favores, donde se descubren las fábricas clandestinas de pirotecnia sólo cuando se incendian..., ¿puede sorprender la enorme cantidad de muertes --sobre todo jóvenes, menores y hasta bebés-en ese tremendo 30 de diciembre?
Los dos dueños de República Cromagnon violaron el máximo de capacidad permitida y mantuvieron decorados con elementos inflamables. Allí hay, al parecer, culpabilidad absoluta. También al trabar puertas de emergencia de salida, que encima se abrirían hacia adentro y no hacia afuera -para facilitar el escape de eventuales víctimas-. Pero viven los empresarios de salones la incultura por la vida de los argentinos, la «avivada» porque, si no, la gente se introduce sin pagar. Más allá del afán de lucro, que lo hubo -y es despreciable porque con entradas pagas triplicó la capacidad aceptada del lugar-, «coladas» por esa puerta de emergencia hubieran agravado la cantidad de víctimas.
El barman del lugar -uno de los declarantes más sinceros de los que se escucharon por televisión-narró que las prohibidas bengalas y «tres tiros» se evitaban en su ingreso revisando a los varones concurrentes hasta que se determinó que las ingresaban las mujeres. El día de la tragedia se puso también a personal femenino a revisar mujeres. Igual los temibles elementos de piroctenia entraron. Antes, aparte, al comenzar el recital advirtió la empresa y hasta el director del grupo Callejeros contra el riesgo de encender bengalas. ¿Qué más se puede hacer frente a nuestra transgresión espontánea a toda norma?
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