22 de febrero 2005 - 00:00

Murió Guillermo Cabrera Infante

Guillermo Cabrera Infante
Guillermo Cabrera Infante
A los 75 años murió ayer en Londres el gran escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, uno de los más lúcidos integrantes del boom de la literatura latinoamericana, aunque -a su juicio- no fuera ésta más que una denominación arbitraria, surgida en los años '60 para aglutinar plumas de las más opuestas tendencias, y de la que él siempre se mofó.

Cabrera Infante
fue el más brillante estilista del español en el siglo pasado, entendido esto en el sentido más lúdico de la palabra: pocos jugaron como él con las posibilidades fonéticas y musicales del idioma. El escritor murió en el hospital Chelsea and Westminster de Londres, donde se encontraba internado desde la pasada semana. Su muerte se produjo por una septicemia, derivada de los numerosos problemas de salud que lo aquejaron en los últimos meses. Días atrás, también, se había roto la cadera al caer accidentalmente en su domicilio.

Ganador del Premio Cervantes en 1997, Cabrera Infante había dialogado en setiembre pasado con este diario, cuando convalecía de una operación de doble bypass y sus médicos le habían prohibido concurrir al Congreso de la Lengua en Rosario. «Esta operación no sólo frustró mi viaje al congreso, al que tenía muchos deseos de concurrir», dijo entonces, «sino que también me hizo interrumpir una especie de memoria autobiográfica que se llama 'La ninfa inconstante', y que ha pasado a ser un relato romántico por las relaciones entre los protagonistas. Lo último que publiqué es 'Todo está hecho con espejos', una recopilación de cuentos».

Nacido el 22 de abril de 1929 en Gibara, provincia de Oriente, Cuba, sus padres se contaron entre los fundadores del Partido Comunista Cubano, al que también él perteneció en su juventud, para convertirse más tarde en el más frontal opositor a la dictadura castrista. En 1941 se trasladó a La Habana con su familia, y comenzó a escribir en 1947, abandonando los estudios de medicina.

Cinéfilo apasionado y fundador de la Cinemateca de Cuba, que presidió entre 1951 y 1956, sus comienzos literarios tuvieron que ver con la crítica de cine, disciplina que jamás abandonó. Con el seudónimo de «Caín» escribió piezas magistrales reunidas luego en los libros « Arcadia todas las noches» y «Un oficio del siglo XX». Sus más recientes escritos sobre cine fueron recopilados en el reciente volumen «Cine o sardina». Cabrera Infante también fue el guionista de la película «Vanishing Point» («Carrera contra el destino»).

En 1959 se convirtió en director del suplemento literario «Lunes» del diario «Revolución», desde su fundación hasta su clausura en 1961. A fines de ese año se casó con la actriz Miriam Gómez, su esposa hasta ayer.

En 1960 publica la novela «Asi en la paz como en la guerra», y de 1964 data su primer éxito literario, la novela «Tres tristes tigres», con la que ganó el Premio Biblioteca Breve de Seix Barral, un relato magistral ambientado en La Habana de 1958, en las que los personajesreproducen lo que seríala versión cubana del film noir.

En 1959 viajó como agregado cultural a Bélgica (ya hacía tiempo que tenía roces con
Castro), y a fines de ese año se terminó de enemistar con el gobierno comunista y se quedó en Bruselas. En 1965 regresó a Cuba, por última vez, a los funerales de su madre. Pero fue en 1968 cuando Castro lo declaró enemigo, a raíz de un reportaje que el autor le dio a la revista «Primera Plana» de la Argentina, en el que atacó abiertamente al régimen.

En Europa, y luego de un breve período de residencia en España, se estableció en Londres, donde vivió los últimos cuarenta años. Solía hacer siempre la misma broma al justificar esa
preferencia:«No podría vivir en España. Allí doblan todas las películas».

Sus obras posteriores son «Vista del amanecer en el trópico» (1974), «O» (1975), «Exorcismos de esti(l)o» (1976), «La Habana para un infante difunto» (1979), «Holy Smoke» (1985), «Mea Cuba» (1993), «Delito por bailar el chachachá» (1995), «Ella cantaba boleros» (1996), «Vidas para leerlas» (1998) y «El libro de las ciudades» (1999).

Se consideraba uno de los «últimos especímenes de la raza de los fumadores», y en 2000 publicó
«Puro humo», una mezcla de autobiografía de un fumador adicto, catálogo cinematográfico de películas, actores y músicas con humo, y guía del saber para el fumador de puros.


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