La Plata perdió a uno de sus personajes más reconocidos. Sergio Fabián Montero, conocido popularmente como “Pachu”, fue hallado muerto este miércoles en su casa de Altos de San Lorenzo, en circunstancias que son materia de investigación judicial.
Murió Sergio "Pachu" Montero, la estatua viviente que convirtió las calles de La Plata en su escenario
El histórico artista callejero fue encontrado sin vida este miércoles en su vivienda de Altos de San Lorenzo. Durante unos 25 años se ganó el reconocimiento de vecinos y visitantes con su caracterización.
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El procedimiento se realizó en una propiedad ubicada en 76 entre 13 y 14, donde el artista fue encontrado tendido en el suelo y sin signos vitales. Tras recibir el aviso, efectivos de la Policía Bonaerense y agentes de la Guardia Urbana acudieron al lugar para preservar la escena.
Una ambulancia del SAME llegó poco después y el personal sanitario confirmó el fallecimiento. También trabajaron peritos de la Policía Científica y autoridades judiciales para llevar adelante las actuaciones correspondientes y establecer las causas de la muerte.
Uno de los detalles que trascendieron sobre el hallazgo fue que su perro permaneció junto a él hasta la llegada de los efectivos. Por el momento, no se difundió un informe oficial que determine las circunstancias del deceso.
Un hombre que se comunicó con los servicios de emergencia para alertar sobre la situación aseguró que había recibido un mensaje y un video de Montero dos días antes. “Hace dos días me había mandado un mensaje y un video contando que se quería suicidar, luego de eso ya no respondió más”, relató, de acuerdo con la información difundida sobre el caso. Este testimonio forma parte de los datos conocidos hasta el momento, mientras se aguardan precisiones oficiales.
Un personaje que formó parte de la identidad platense
Durante décadas, Pachu construyó una identidad artística propia en las calles de La Plata. Con el cuerpo inmóvil y una caracterización que simulaba una figura metálica, logró transformar una actuación callejera en una postal reconocible para varias generaciones.
Sus primeras apariciones quedaron asociadas a espacios públicos como la zona de Plaza Moreno. Con el paso de los años, también se volvió una presencia habitual en el centro comercial, especialmente en la Galería Rivadavia, sobre calle 8 entre 49 y 50.
Allí, vecinos, turistas y comerciantes aprendieron a reconocerlo. Su propuesta consistía en sostener durante largos períodos una postura rígida, con movimientos mínimos, para sorprender a quienes se acercaban. El trabajo exigía concentración, paciencia y un dominio corporal que le permitiera mantener la ilusión de estar frente a una estatua real.
Montero dedicó aproximadamente sus últimos 25 años a esta actividad. Con el tiempo, su figura trascendió el entretenimiento callejero y pasó a formar parte de los recuerdos cotidianos de la ciudad.
Detrás del personaje, sin embargo, había una historia personal compleja, marcada por distintas dificultades y por un golpe familiar que lo afectó profundamente.
La muerte de su hija Abril, una pérdida que lo marcó
Uno de los episodios más dolorosos de los últimos años de Montero fue la muerte de su hija Abril Muriel Montero, de 25 años, en Colombia. El caso generó una profunda conmoción entre sus familiares y allegados, que cuestionaron desde el comienzo las circunstancias del fallecimiento.
Según el relato de la familia, la joven había llamado a su padre para pedir ayuda y advertir sobre una situación de violencia con su pareja, Gustavo Adolfo Ochoa Serrano. Tras conocerse su muerte, sus seres queridos rechazaron la hipótesis inicial de suicidio y reclamaron que se investigara la posible responsabilidad del hombre.
La familia sostuvo que existían motivos para sospechar que Abril había sido víctima de un crimen. La investigación quedó bajo la órbita de las autoridades colombianas, que revisaron los informes forenses y modificaron la calificación del expediente a homicidio, según los antecedentes difundidos sobre el caso.
En medio de la desesperación, Pachu impulsó una colecta solidaria que le permitió reunir 5.000 dólares para trasladar el cuerpo de su hija. La colaboración de personas que conocían su historia hizo posible reunir el dinero en poco tiempo. El abogado platense Fernando Burlando intervino en el caso.
La muerte de Abril significó un quiebre en la vida del artista. Desde entonces, mantuvo su reclamo de justicia y buscó que se esclarecieran las circunstancias del fallecimiento. De acuerdo con la información publicada sobre la causa, el principal sospechoso no había sido detenido.
La pérdida de su hija se sumó a una historia personal que, detrás de la imagen de la estatua viviente, tenía momentos de profunda dificultad. Ahora, la muerte de Montero vuelve a conmover a La Plata y deja el recuerdo de un artista que durante años eligió las veredas como escenario y encontró en ellas una manera singular de vincularse con la gente.
Su figura, inmóvil frente a los transeúntes, quedó asociada a las calles del centro platense. Para quienes lo vieron trabajar durante años, Pachu fue mucho más que un artista callejero: fue uno de esos personajes urbanos que, con el tiempo, se convierten en parte de la memoria colectiva de una ciudad.
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