Un abogado porteño, víctima de un secuestro que terminó en una villa del conurbano bonaerense, se negó ayer a hacer ante la Policía un relato de lo que vivió. Teme que sus captores consigan la declaración y vayan tras de él en venganza. Acusó, además, a los jueces de «no tener cojones» para combatir a los delincuentes y dar la protección que necesitan los ciudadanos. Comprensible esa actitud, pero abre perspectivas tenebrosas, porque es un triunfo de la delincuencia por sobre los poderes del Estado, la única chance que tiene el país de frenar la imparable ola criminal. Ayer, además, mataron a un testigo de un crimen en Quilmes, horas antes de que declarase, lo que refuerza la intimidación colectiva. Patricia Nine cumplió ayer dos semanas en cautiverio.
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La víctima, liberada el lunes tras permanecer varias horas en manos de una banda que tenía secuestradas a otras cuatro personas, consideró, además, que en el país Informate más
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