La familia del empresario del transporte Franco Andreola, secuestrado hace 23 días, recibió ayer por la madrugada una segunda prueba de vida de sus captores, informaron fuentes judiciales y policiales.
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Los familiares encontraron un nuevo casete, con una grabación de la propia víctima, y esperan que se acuerde el pago de inmediato para lograr la liberación del empresario, según confiaron tres fuentes policiales y una judicial.
La búsqueda de la prueba de vida se hizo a través de un sistema de postas, similar al que los secuestradores utilizan para cobrar rescates.
En este caso, los delincuentes obligaron al familiar de Andreola a movilizarse por distintas localidades del sur y el norte del conurbano, hasta que encontraron el casete.
Las fuentes no dieron detalles, pero aseguraron que se trata de una nueva grabación en la que se escucha la voz de Andreola dando algún detalle de su vida personal que él sólo puede conocer.
La familia y los investigadores confían en que en las próximas horas todo se encamine para que los captores llamen y finalmente se concrete el pago del rescate.
Fuentes de la investigación indicaron que la voluntad de la familia Andreola es pagar y que no haya ningún tipo de intervención policial.
La negociación es encabezada por la esposa y un allegado de Andreola, quienes en los últimos días ofrecieron una importante suma, aunque aclararon que no pueden juntar el medio millón de dólares exigido originalmente.
Esta es la segunda prueba de vida que entregan los secuestradores, ya que el 9 de septiembre último, al igual que esta madrugada, dejaron en la zona sur del conurbano un casete en el que Andreola contaba que ese mismo día Los Pumas le habían ganado a Francia por 17 a 12 en su debut por el Mundial de Rugby.
A pocos días del secuestro había fracasado la entrega de una supuesta prueba de vida -una carta manuscrita-, que los secuestradores dijeron haber dejado en un puesto de la zona sur del conurbano y que nunca fue encontrada.
El caso está en manos del fiscal federal Federico Delgado y el juez federal Ariel Lijo.
El secuestro ocurrió el 29 de agosto último cerca de las 23:45, cuando un grupo de empresarios del transporte de larga distancia se encontraba cenando en un quincho de la firma El Rápido San José, que pertenece a la compañía Flechabus, en la calle Río Cuarto 1963 del barrio porteño de Barracas.
En medio de la cena, al menos siete delincuentes ingresaron al lugar, que está en un galpón de la firma, y con armas amenazaron a todos los presentes.
Ninguno de los comensales opuso resistencia, de manera que la banda estuvo sólo 15 minutos en el lugar y hasta entonces todos creían que se trataba de un simple robo.
Pero los delincuentes preguntaron quién era el dueño de un auto Mini Cooper estacionado en la puerta del galpón.
Andreola, que vende en la Argentina las carrocerías Busscar, de origen brasileño, dijo que era de él y mostró la llave, pero los delincuentes no fueron al auto, sino que tomaron al hombre por la fuerza y se lo llevaron en uno de los vehículos en los que habían llegado.
Los dueños de Flechabus, los hermanos Raúl y Guillermo Derudder, y los otros empresarios presentes denunciaron el hecho de inmediato en la comisaría 30, con jurisdicción en la zona, pero la policía no pudo alcanzar a los delincuentes.
Los captores tardaron dos días en realizar la primera llamada extorsiva en la que pidieron 500 mil dólares de rescate.
La hipótesis inicial fue que los secuestradores se equivocaron de persona, ya que Raúl Derudder había vendido dos días antes un Mini Cooper igual al que tiene Andreola.
La sospecha de la confusión de empresario se acentuó cuando los secuestradores se comunicaron para decirle a la familia: "Si no tienen la plata, pídensela a Raúl Derudder".
Sin embargo, fuentes judiciales aseguraron que antes de capturar al empresario, los delincuentes les robaron pertenencias a los presentes, miraron las billeteras y documentos de todos, incluso de Andreola, por lo que el fiscal y el juez federal que manejan el caso creen que en realidad sabían a quién se llevaban.
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