Rufino reinterpreta la gastronomía nacional desde uno de los barrios porteños más recorridos, con una propuesta que sintetiza técnica, producto y sofisticación.
La parrilla de Recoleta que combina tradición argentina y cocina de autor.
En el subsuelo del hotel boutique Mío Buenos Aires, en pleno corazón de Recoleta, Rufino amalgama el alma de una parrilla argentina con la sensibilidad del casual fine dining. En este espacio, donde el fuego es el gran protagonista, carnes de pastura y vegetales de estación se transforman en platos que celebran la identidad nacional desde una mirada contemporánea. Con estética cuidada, ambiente cálido y una impronta de sofisticación relajada, Rufino propone una experiencia donde la tradición se renueva a través de la técnica, el producto y la creatividad.
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La velada comienza al descender por una elegante escalera que conduce a un salón de diseño moderno, ambientado con madera, hierro y una iluminación sutil que realza la atmósfera íntima. Entre mesas amplias y una barra con cócteles de autor, el entorno invita a disfrutar sin apuro. En este marco, carnes argentinas y un fuerte compromiso con enaltecer a la gastronomía local son el hilo conductor de un proyecto que reúne precisión técnica y sensibilidad culinaria, bajo la dirección del chef Jerónimo Bichi, quien aporta su experiencia internacional en restaurantes de prestigio como Las Leñas (México), Mudrá (España), Tanta y Elena (Four Seasons Buenos Aires).
Las carnes de pastura y vegetales de estación se transforman en platos que celebran la identidad nacional desde una mirada contemporánea.
Cada plato que sale de su cocina expresa el equilibrio entre lo clásico y lo contemporáneo. Rufino busca reinterpretar el ritual del asado argentino, elevando la parrilla a un terreno de sutileza y exploración. Su propuesta se apoya en un trabajo artesanal y en una cadena de valor comprometida con la calidad y la sustentabilidad. Las carnes provienen de productores como Entre Todos, reconocidos por su ganadería regenerativa, y del frigorífico Muge, mientras que los vegetales de estación son seleccionados por Ocho Seis Central, un proyecto que recorre el Mercado Central para conectar restaurantes con productores locales. El resultado es una cocina que respeta el origen y la temporalidad del producto, logrando sabores auténticos y precisos.
En julio de 2025, Rufino alcanzó un nuevo hito con su inclusión en la Guía Michelin gracias a su sede en Río de Janeiro, ubicada en el exclusivo barrio de Leblon. Bajo la dirección culinaria del chef argentino Agustín Brañas, la filial brasileña fue distinguida por su excelencia en la técnica del fuego, su servicio impecable y su propuesta que combina la tradición de la parrilla argentina con la energía carioca. Este reconocimiento consolida la proyección internacional de la marca nacida en Buenos Aires y reafirma su compromiso con una gastronomía auténtica, cuidada y de identidad argentina.
La esencia del fuego
La carta de Rufino refleja un trabajo de autor que respeta la esencia del fuego. Entre las entradas sobresalen las croquetas de morcilla con emulsión de manzana, el matrimonio de chorizo y morcilla con peperonata de pimientos, y las mollejas con papas rotas, puré de coliflor y chimichurri de hierbas, mientras que las gírgolas trufadas o la polenta grillada con provoleta y hongos evidencian el protagonismo de los vegetales. Entre los principales resaltan los cortes insignia: costillar del centro de 1 kilo, cocido seis horas a baja temperatura; el osobuco braseado de 1,5 kilo con puré cremoso de papa, y el T-Bone de 1 kilo, además de clásicos como el bife de chorizo, la entraña o la marucha, trabajados con precisión y carácter.
Rufino - Raviolones de calabaza y mascarpone
Las opciones vegetarianas también ocupan un lugar destacado, con platos como el risotto de hongos patagónicos o los raviolones de calabaza y mascarpone con manteca negra de salvia y almendras.
Las opciones vegetarianas también ocupan un lugar destacado, con platos como el risotto de hongos patagónicos o los raviolones de calabaza y mascarpone con manteca negra de salvia y almendras, acompañados por guarniciones como zanahorias grilladas con hummus de arvejas y sésamo tostado, o una ensalada mediterránea con tomates reliquia y bocconcinos. En los postres, el banoffee con dulce de leche de coco y ron, las frutillas con crumble de almendras y la reinterpretación del vigilante —con mousse de mascarpone, dulces caseros y praliné de almendras— marcan el cierre de una experiencia que une técnica y emoción.
La oferta de bebidas está a la altura del menú. Con 45 etiquetas nacionales cuidadosamente seleccionadas y ordenadas por intensidad, Rufino ofrece un recorrido por las principales regiones vitivinícolas del país, de Salta a Chubut, en una carta que reúne bodegas históricas y proyectos jóvenes. A ello se suma una coctelería de autor que reinterpreta clásicos con ingredientes frescos, almíbares artesanales y guiños locales, y un servicio de agua filtrada Aqa —con o sin gas— en botellas reutilizables, reflejo de su compromiso con la sustentabilidad.
Ubicado en Recoleta, Rufino no es sólo una parrilla: es una experiencia sensorial que celebra el fuego, la identidad y la evolución de la cocina argentina. Con técnica precisa, producto de excelencia y un servicio que equilibra calidez y profesionalismo, el restaurante se consolida como uno de los grandes referentes contemporáneos del país.
Dirección: Av. Pres. Manuel Quintana 465, Subsuelo del Hotel Mío Buenos Aires, Recoleta.
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