Bután: la TV y el fin de la inocencia
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Jigme Singye Wangchuck
Pero aquél era el Namgay de ayer. El que me recibe hoy es la prueba misma de lo mucho que han cambiado las cosas. Me cuenta que tres años antes se divorció y que sus cuatro hijos viven con él.
Es probable que ni siquiera el rey Wangchuck imaginara hasta qué punto la irrupción repentina de la televisión iba a confundir a su pueblo. Las estadísticas oficiales muestranque el crimen, el alcoholismo, la violencia y los embarazos no deseados entre los adolescentes han aumentado todos los años desde su llegada. El país vive en estado de shock por el asesinato de un estudiante de 19 años a manos de una banda juvenil en la capital, Thimpu.
Cinco nuevas discotecas han abierto en Thimpu en un intento de entretener a una población extremadamente joven -70% de los habitantes de la capital tiene menos de 18 años- que busca acercarse al mundo distorsionado que le ofrecen las modelos de Bay Watch y los raperos de MTV.
Namgay asegura estar preocupado por el mayor de sus hijos.
Pronto pedirá permiso para sumarse a las hordas de jóvenes que salen por las noches, una actividad que ninguna otra generación de butaneses había disfrutado antes y que está provocando agrios debates en las familias. «En Bután, durante décadas, hemos usado la marihuana para alimentar a los cerdos, porque les abre el apetito y engordan», explica Namgay. «Pero ahora los jóvenes se la fuman y están todo el día en las nubes. No quiero eso para mis hijos.»
El rey Jigme Singye Wangchuck, aún joven a sus 51 años, se marcha sin que nadie se lo haya pedido y con la devoción popular por su figura intacta.
Nunca ha sido un rey como los demás. La muerte de su padre lo convirtió en el todopoderoso a los 16 años y poco después abolió reglas que según él lo alejaban de sus súbditos: mirar al rey a los ojos dejó de ser delito y las nueve reverencias obligadas en las audiencias fueron reducidas a una.
Wangchuck y siguió con las reformas. Estableció la escolarización obligatoria, abrió el país al turismo, estrenó la televisión e Internet y, más recientemente, convirtió a Bután en el primer país del mundo en prohibir totalmente el tabaco. El final del largo proceso de apertura concluirá dentro de dos años con elecciones generales y la formación de un gobierno que, por primera vez desde la instauración de la monarquía hereditaria en 1907, no tendrá que responder ante el rey.
Uno de los primeros indicios que ha llevado al gobierno a pensar que quizá la televisión no está aportando mucho ha surgido en las escuelas. «Los niños ven la lucha libre americana por televisión y luego la imitan en el colegio o en casa. No comprenden que en la televisión esos combates son una mera representación», admite Rinzi Dorji, director de la empresa de televisión por cable local Sigma.
El gobierno encargó en 2003 un estudio sobre el impacto de la televisión para tratar de arbitrar en la polémica sobre sus efectos y llegó a una conclusión que deja el debate en tablas: sí, la caja tonta está deteriorando rápidamente las tradiciones y la cultura local, pero a la vez ha servido para conectar a los ciudadanos con el mundo y darles una educación global que puede ayudar a desarrollar el país.
Bután, uno de los países más pobres del mundo, atrapado entre los gigantes indio y chino y con una población 90% rural, no tenía otra elección que aceptar el reto.
El país se ha puesto en marcha. Miles de trabajadores, la mayoría inmigrantes indios, crean la primera carretera de dos carriles de todo el reino. Decenas de nuevos edificios están en construcción en Thimpu -todos respetando escrupulosamente la construcción tradicional- y el primer centro comercial fue recientemente inaugurado en la avenida principal.
La economía nacional es, después de China e India, la de mayor crecimiento de Asia, con saltos anuales superiores a 6%.




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