La Central Unitaria de Trabajadores de Chile (CUT) evaluó que el país estuvo "semiparalizado" durante la primera jornada del paro nacional de 48 horas, aunque el gobierno insistió en que la actividad fue "normal" y acusó a los dirigentes de querer "causar daño" a los chilenos.
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El paro, convocado en reclamo de profundas reformas institucionales, tendrá mañana su jornada central con cuatro movilizaciones por las calles de Santiago, autorizadas por la intendencia metropolitana, ante lo cual el gobierno desplegará 1.300 comandos antimotines.
"Una cosa es una marcha y otra es intentar paralizar el país. Cuando se paralizan, los países no avanzan. Afortunadamente, hasta ahora, el país está funcionando con bastante normalidad", afirmó Piñera, al evaluar las primeras 24 horas de la huelga, según reportaron las agencias de noticias ANSA y DPA, y los medios chilenos El Mercurio, La Nación y Radio Cooperativa.
En un mensaje desde La Moneda -casa de gobierno-, el mandatario, cuya popularidad cayó a pisos históricos desde que comenzaron protestas de varios sectores hace tres meses, sostuvo que la intención de la convocatoria de la central obrera "fue causarle daño a Chile, causarle daño a los chilenos" y consideró que "es equivocado" el uso del paro.
Piñera responsabilizó de la crisis social a "los partidos que apoyaron a los gobiernos anteriores", y los instó a que "ayuden no a agravar los problemas, sino a solucionarlos", en referencia a las fuerzas políticas de la opositora Concertación que adhirieron a la convocatoria de la CUT pero sin participar de las marchas.
En cuanto a los efectos del paro, el gobierno no logró unificar el discurso, ya que mientras algunos ministros, entre ellos los de Salud, Jaime Mañalich, y de Transportes, Pedro Errázuriz, insistieron con la evaluación presidencial de "normalidad", el subsecretario del Interior, Rodrigo Ubilla, reconoció que la ciudad "no está normal".
"No soy miope", ironizó, aunque atribuyó el hecho de que muchos chilenos no llegaron a sus lugares de trabajo a que "tres mil personas quieran impedir el normal funcionamiento de 17 millones de habitantes".
Por el contrario, el presidente de la CUT, Arturo Martínez, consideró exitosa la convocatoria, rechazó el balance del gobierno y lo acusó de "desoir" el llamado de los trabajadores.
"Si el mismo gobierno ha señalado que la hora pico de regreso de los que llegaron a trabajar se adelanta para las cuatro de la tarde, es decir no es una jornada normal para el pueblo de Chile", sentenció.
La Asociación Nacional de Empleados Fiscales cifró en 80 por ciento la adhesión a la medida, lo que derivó en que casi la totalidad de los servicios públicos se paralizaron durante la jornada, según la organización.
Los trabajadores de la salud de atención primaria, nucleados en Confusam, acataron casi en su totalidad la convocatoria, según la presidenta de la entidad, Carolina Espinoza, en tanto la Federación de Profesionales Universitarios de la Salud informó que la adhesión de sus afiliados se concretó "de manera exitosa".
En contraste, las corporaciones empresariales, como la Asociación de Exportadores de Manufacturas (Asexma), la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa) y la Cámara de Comercio de Santiago (CCS), ubicaron el ausentismo en esos sectores entre 1 y 5 por ciento.
Sin embargo, Santiago y las principales ciudades chilenas mostraban una postal diferente a la usual, con comercios y oficinas que cerraron más temprano, según el relevamiento de los medios chilenos y las agencias internacionales.
El paro se inició anoche con un cacerolazo hogareño y comenzó a tomar forma a partir de las primeras horas de la mañana con al menos 20 barricadas en varios puntos de la capital que se sucedieron durante toda la jornada y motivaron el accionar del cuerpo de Carabineros, apoyados de carros hidrantes y gases lacrimógenos.
El gobierno informó que 35 personas fueron detenidas y que se registraron 11 heridos durante las manifestaciones, que continuaban por la tarde-noche chilena.
La huelga fue convocada orginalmente el 1 de mayo por la central obrera en reclamo de cambios en legislación laboral, reforma tributaria, llamado a plebiscito para una nueva constitución y una asamblea constituyente, pero con la profundización del conflicto estudiantil, el clima de descontento motorizó la adhesión de otros sectores en pugna con el gobierno.
Casi un centenar de organizaciones sociales, entre estudiantiles, sindicales, gremiales, defensoras de derechos humanos y ecologistas participan de la huelga nacional, medida apoyada también por la oposición, que reúne una amplia gama de agrupaciones de la izquierda.
Las protestas, cuyo nudo es el movimiento estudiantil, revela en el fondo una profunda crisis política derivada del sistema de representación que dejó la dictadura de Augusto Pinochet, que determina un Congreso prácticamente equilibrado, sin mayorías claras, y con la necesidad de un esquema presidencialista.
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