Lima (enviado especial) - Justo en momentos en que el texto del Tratado de Libre Comercio con EE.UU. llegaba al Congreso del Perú para el inicio de su tratamiento, el presidente electo, Alan García, señaló ayer que «vamos a discutirlo en profundidad, porque es algo que preocupa mucho al país. No es algo que deba definirse por sí o por no a carpeta cerrada, en dos noches. Hay que analizarlo línea por línea y, si es necesario, seguir haciéndolo cuando asuma el nuevo Parlamento». Sin renunciar, claro, a la posibilidad de decirle no.
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La frase fue pronunciada durante una extensa conferencia de prensa que brindó a los enviados de medios extranjeros en la sede aprista del barrio de San Isidro. En ella calificó el resultado electoral como «un triunfo de la democracia», tendió una mano a Ollanta Humala, le marcó límites a Hugo Chávez y evitó mostrarse demasiado cerca de la Casa Blanca. Prometió también ampliar el rol de Estado pero sin volverlo asfixiante y trabajar por la unión sudamericana pero alejado de los « grandes proyectos mesiánicos». Por último, enfatizó la autocrítica por su primer gobierno, se defendió de las sospechas de haber dado entonces vía libre a la represión del terrorismo y prometió una nueva administración concertada y abierta.
Con respecto al TLC añadió que «puede ser mejorado con documentos posteriores que lo complementen y, si se llega a la conclusión de que no es positivo, podemos decir 'me voy'. Si no conviene, se lo deja de aplicar, yo no estoy encadenado a nadie». «Por ejemplo -explicó-, una enmienda que se podría introducir sería vincular una proyección de reducción de los subsidios agrícolas estadounidenses a cuotas de entrada para sus productos.»
Posicionamiento
Enfrentado duramente con Chávez durante la campaña, García se empeñó ayer en no aparecer, por contraste, demasiado cerca de George W. Bush. «Denunciar la injerencia de un Estado (por Venezuela) no implica recostarse en otro. Soy Alan García, el que dejó en su momento de pagar la deuda, el que enfrentó a Ronald Reagan por pretender invadir Nicaragua y que izó la bandera de Panamá en la Casa de Gobierno de Lima contra la invasión norteamericana. No tengo influenciasde nadie, creo en Sudamérica y tengo críticas a la globalización y a las estrategias norteamericanas y de las grandes potencias», señaló.
Con todo, matizó asegurando que «no se puede culpar de todo a la globalización, al imperialismo, a los otros. Esa política de lavarse las manos es irresponsable».
Con respecto a Chávez, volvió a marcar diferencias, pero prefirió no enfatizarlas para no malograr la posibilidad de una mejora de las relaciones, que el bolivariano amenazó con romper si él ganaba los comicios. «Dicen que Dios perdona pero no olvida. Si El lo hace, es porque entonces hay que mantener los datos anteriores presentes para no equivocarse. Pero si alguien me declara la guerra, yo le declaro la paz. Espero que ahora se afiance la posibilidad de tener buenas relaciones, pero con un respeto mutuo, lo cual subrayo. No nos interesa acaudillar una alianza continental anti-Chávez», marcó la cancha.
El futuro
Sobre los objetivos de su próximo gobierno, indicó que «esperamos que sea de concertación, de diálogo. Queremos que el Estado juegue un rol de promoción, pero que no trabe el desarrollo, y que en cinco años podamos mejorar los índices de pobreza, alfabetización, empleo y extensión de la red de agua potable. Queremos participar de la Comunidad Andina y del gran proyecto sudamericano, aunque aportando desde el crecimiento individual de cada país. Los grandes proyectos, mesiánicos, por ahora, los pongo en un cajón».
Respecto de la integración regional, recordó que «en 1985 intenté desencadenar una reacción colectiva por el problema de la deuda. No lo logré, tal vez por mi juventud, pero no importa, eso ya es pasado. Ahora podemos trabajar con Brasil por el problema de los subsidios agrícolas de EE.UU. y Europa, buscar una política concertada respecto del precio de minerales como el cobre y defendernos conjuntamente contra un terrorismo que no tiene fronteras».
Acerca de su triunfo del domingo dijo que fue «una victoria de la democracia, que alejó el peligro del militarismo retrógrado». Con todo prometió conversar con Ollanta Humala, cuyo caudal electoral ponderó.
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