El ultraislamista presidente de Irán, Mahmud Ahmadijenad, ratificó ayer el plan nuclear de su país y volvió a desafiar a la comunidad internacional.
Teherán (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - El presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, afirmó ayer que su país no renunciará a sus planes de enriquecimiento de uranio, en la víspera del vencimiento del plazo de 30 días dado por el Consejo de Seguridad de la ONU a Teherán para que suspenda su programa nuclear. De este modo, la República Islámica corre desde hoy el riesgo de que se le impongan sanciones internacionales.
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«No nos someteremos a la injusticia y a la presión. Si quieren violar los derechos del pueblo iraní, imprimiremos la marca de la vergüenza en sus frentes», declaró el mandatario.
«Creen que frunciendo el ceño, adoptando resoluciones y yendo de una organización a otra pueden esconder su rostro abominable y sus decisiones injustas detrás de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) y el Consejo de Seguridad, y obligarnos a dar marcha atrás», agregó. Estas declaraciones se sumaron a las amenazas enarboladas el miércoles por el guía supremo, el ayatollah Ali Jamenei, de que Irán adoptará violentas represalias en todo el mundo en caso de un ataque de los EE.UU. contra su país.
El Consejo lanzó el 29 de marzo un ultimátum a la República Islámica para que suspenda el enriquecimiento de uranio antes del 28 de abril. Según los diplomáticos en Viena, el director de la AIEA, Mohamed El Baradei, entregará hoy al organismo de las Naciones Unidas y al ejecutivo de la AIEA un informe en el que indica que Teherán incumplió las exigencias impuestas.
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El Consejo de Seguridad de la ONU no ha anunciado aún sanciones en caso de que Irán no se doblegue, pero los EE.UU. esperan hacerlo con el apoyo de Francia y Gran Bretaña.
En este sentido, la jefa de la diplomacia norteamericana, Condoleezza Rice, instó a la institución a que actúe. «Los Estados Unidos son de la opinión de que, para ser creíble, el Consejo de Seguridad debe actuar», declaró Rice en Sofía, donde participaba en la reunión de la OTAN.
París también está a favor de una postura «firme». El jefe de la diplomacia, Philippe Douste-Blazy, pidió en Sofía al Consejo «una señal rápida y firme» ante «la actitud de Teherán y la aceleración de sus programas». Francia reclama que la resolución de la ONU sea incluida en el capítulo VII de la Carta, lo que abre la vía a eventuales sanciones, precisó un diplomático francés de alto rango.
Desde Tomsk, Siberia, donde realiza una visita oficial, la canciller alemana, Angela Merkel, pidió a la comunidad internacional que «actúe unida» para despejar el peligro por «medios diplomáticos».
En la misma línea, el ministro de Exterior británico, Jack Straw, afirmó que la actual crisis es «una prueba de fuego para la diplomacia internacional», pero descartó la posibilidad de una acción militar contra ese país. «Si fracasamos a la hora de llegar a una solución diplomática, podríamos crear un daño a largo plazo», estimó el jefe del Foreing Office. «Esto no es Irak. Nadie habla de una acción militar.»
Por su parte, el presidente ruso, Vladimir Putin, considera que la AIEA debe mantener «el papel clave» en la solución del expediente nuclear iraní y «no dejarlo en manos del Consejo de Seguridad de la ONU». China también pidió a todas las partes que mantengan la calma para encontrar una solución diplomática. Rusia, al igual que China, se opone a las sanciones, ya que las juzga contraproducentes.
Los cinco grandes -China, EE.UU., Francia, Gran Bretaña y Rusia- con Alemania tienen previsto celebrar el martes en París una reunión sobre la crisis para estudiar los pasos futuros en caso de una eventual negativa de Teherán.
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