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24 de agosto 2026 - 16:00

El insólito método de Bill Gates para no terminar en la quiebra por las multas: la adicción desconocida del millonario

El reconocido magnate tecnológico tomó una decisión que lo ayudó a salvarse de caer en prisión por una conducta que repetía constantemente.

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El lado oculto del multimillonario que debió cambiar para no tener problemas legales.

Página de Facebook de Bill Gates

Mucho antes de convertirse en una de las figuras más conocidas de la tecnología, Bill Gates ya tenía una debilidad capaz de salirle bastante cara. Los millones de dólares empezaban a llegar con Microsoft, pero su gusto por la velocidad también venía acompañado de multas y problemas cada vez más serios con la policía.

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Durante aquellos años solía manejar un Porsche y ni siquiera sus antecedentes conseguían hacerlo levantar el pie. La situación terminó llevándolo frente a un juez y, poco después, a probar una solución bastante insólita para controlarse.

Gates debió tomar medidas ante una conducta que repetía de manera insólita y podría haberle traído serios problemas legales.

Una reunión de millonarios lo salvó de la Justicia

A fines de 1982, Seymour Rubinstein llegó a las oficinas de Microsoft para reunirse con Bill Gates. Era el fundador de MicroPro, la empresa detrás de WordStar, uno de los programas para escribir más utilizados de la época y futuro rival de Microsoft Word. Sin embargo, aquella charla de negocios tuvo que esperar.

Los inconvenientes al volante venían de mucho antes. En 1977, Gates había sido detenido por una infracción de tránsito en Albuquerque, Nuevo México, episodio del que salió su famosa foto policial sonriendo. Cinco años después seguía acumulando sanciones con su Porsche y estaba preocupado por la posibilidad de quedarse sin registro si no cambiaba su manera de conducir.

Esa misma mañana debía presentarse ante un juzgado de tránsito de Seattle. El empresario quería discutir la multa y sostener su derecho a llevar un detector de radares en el vehículo. Rubinstein le recomendó hacer exactamente lo contrario: disculparse, prometer que se desharía del aparato y asegurar que dejaría de manejar a exceso de velocidad.

El fundador de Microsoft siguió su consejo. Frente al juez se mostró arrepentido y salió del tribunal únicamente con una multa, sin perder el registro. Seymour, que al mismo tiempo competía contra Microsoft en el negocio del software, había terminado acompañándolo a resolver uno de sus inconvenientes personales más repetidos.

El método fallido de Bill Gates para su adicción a la velocidad

Después de aquel episodio, Gates intentó frenarse de una manera bastante particular y literal. Cambió su Porsche por un Mercedes-Benz diésel marrón mucho más lento y sin radio, convencido de que un vehículo con menos reacción podía ayudarlo a controlar las ganas de acelerar.

El empresario llegó a describir al Mercedes como una prueba para su disciplina. La ausencia de radio también tenía una explicación: prefería conducir sin esa distracción para poder pensar. El problema era que podía tardar más en ganar velocidad, pero nada impedía que finalmente la alcanzara.

El método terminó fallando. Gates volvió a recibir varias multas por exceso de velocidad incluso con aquel Mercedes comprado justamente para evitarlo. A pesar de las nuevas infracciones, nunca terminó perdiendo el registro.

El auto tuvo además un final bastante particular. Bill se olvidó de ponerle aceite y terminó quemando el motor, una historia que después se convirtió en motivo de conversación entre sus antiguos compañeros de escuela. El Mercedes fue reparado, mientras él siguió utilizando su Porsche 930 para manejar de noche cuando quería salir a pensar.

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