Una obra destinada a transformar una cervecería muy antigua de Bélgica parecía un trabajo más, hasta que empezaron a aparecer monedas entre los escombros. Los trabajadores estaban preparando el edificio para poner nuevas instalaciones sanitarias cuando las herramientas chocaron con algo que no debía estar ahí, pero que valian millones.
Buscaban instalar cañerías y encontraron u$s10 millones en oro: el hallazgo imprevisto de unos obreros
Una remodelación dentro de una antigua cervecería belga terminó revelando una fortuna que estuvo escondida durante décadas detrás de una pared.
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Mientras hacían refacciones en un cervecería antigua encontraron una fortuna impensada.
Detrás de una pared había una fortuna que estuvo escondida durante años, eran 49 lingotes, más de 4.000 monedas, pepitas y otras piezas, con un valor impensado. De todas formas, el descubrimiento generó la duda de quien era el dueño, ya que encontrar semejante tesoro no significa necesariamente convertirse en su propietario.
Un hallazgo imprevisto: 49 lingotes y miles de monedas de oro
Todo pasó en Sint-Gillis-Dendermonde, localidad ubicada 30 kilómetros al noroeste de Bruselas. Ahí funciona una cervecería antigua que estaba siendo remodelada como parte de un proyecto para hacer nuevas oficinas y viviendas sociales. Entre las personas que trabajaban en el lugar estaba Kobe, un joven de 18 años que se había buscado un empleo temporal durante el verano.
La tarea consistía en perforar y excavar debajo del edificio para renovar el sistema de saneamiento. Durante los trabajos empezaron a aparecer algunas monedas mezcladas con los restos de la construcción, pero inicialmente nadie imaginó la magnitud de lo que estaba oculto. La sorpresa llegó cuando encontraron un lingote, al continuar abriendo el lugar descubrieron que alguien había preparado un escondite dentro de una pequeña habitación que se encontraba bajo la antigua residencia del dueño de la fábrica.
Las piezas estaban guardadas en una bolsa detrás de una pared de ladrillos. El escondite se mantuvo intacto durante décadas y las herramientas utilizadas en la obra incluso llegaron a dejar marcas sobre algunos lingotes antes de que los trabajadores entendieran qué tenían frente a ellos. Cuando avisaron a la policía, el propio jefe local, Patrick Feys, pensó inicialmente que podía tratarse de una broma.
Debido a la dimensión del descubrimiento, se tuvo que implementar un procedimiento especial. Cuatro personas contabilizaron cada una de las piezas frente a cámaras de seguridad antes de que todo fuera trasladado hacia una instalación federal protegida en Bruselas. El inventario final incluyó 49 lingotes y más de 4.000 monedas, pepitas y objetos del mismo metal precioso, valuados originalmente en nueve millones de euros, lo que implica unos u$s10 millones.
La cervecería comenzó a producir en 1899 y pertenecía a Théophile Van Assche, empresario cuya familia mantuvo el negocio durante décadas. Sus tres hijos siguieron con la actividad hasta el cierre definitivo de la fábrica en 1970. Ninguno dejó descendencia directa conocida y al menos uno de los lingotes contiene un sello que permite ubicarlo durante la década de 1960. Una de las hipótesis es que la familia pudo haber transformado parte de su riqueza en metales preciosos y haberla escondido dentro de la propiedad.
La disputa civil por el tesoro millonario
La procedencia todavía debe determinarse antes de resolver quién podrá quedarse finalmente con la fortuna. La Fiscalía de Flandes Oriental debe comprobar primero que las piezas no provengan de un robo u otra actividad ilegal y ya superada esa instancia va a empezar con una discusión de carácter civil con varios posibles interesados.
Entre quienes podrían reclamar derechos están los herederos de la familia Van Assche, los trabajadores responsables del descubrimiento, la constructora que efectuaba la remodelación y CAW Oost-Vlaanderen, actual propietaria del inmueble. La legislación belga contempla además un período de cinco años durante el cual pueden presentarse personas que aseguren ser propietarios legítimos o herederos. Al menos tres ya se acercaron a la policía argumentando algún tipo de relación con la antigua fortuna familiar.
La propiedad había pasado por diferentes etapas desde el cierre de la cervecería, en 1982 pasó a manos de un monasterio benedictino, que la destinó al alojamiento transitorio de personas que habían estado detenidas. Posteriormente fue entregada a CAW Oost-Vlaanderen, una organización que trabaja con personas sin vivienda, víctimas de abuso, jóvenes, inmigrantes y exconvictos.
Su director, Geert Hillaert, aseguró que la institución no pretende disputar las piezas a quien pueda acreditar legítimamente su propiedad. De todas formas, ya tiene un destino pensado si finalmente quedan en manos de la entidad: financiar nuevas viviendas para familias sin hogar.
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