¿Qué esperamos para subirnos a la última ola de los combustibles fósiles en el mundo?

Opiniones

España no tiene dependencia del gas ruso y aventaja al resto de Europa en su infraestructura de regasificadoras; Argentina sueña con exportar gas licuado, ¿cuál es el punto de encuentro de estas dos situaciones?

El conflicto que transcurre en Ucrania tiene una consecuencia directa (muy directa) para la Europa occidental en el recorte de los suministros de gas que vienen desde Rusia. Esta Europa sueña con las energías limpias, pero no logrará despegarse de su dependencia de los combustibles fósiles, particularmente del gas, dentro de los próximos 10 años al menos.

Esta situación de dependencia no es igual para toda Europa. Los países más comprometidos si definitivamente se cierran las llaves de los gasoductos rusos son los centrales, como Alemania, Italia, Polonia, Austria, Hungría, Eslovaquia y República Checa. En el caso de Francia, sólo un 7,6 % del gas que consume proviene de Rusia, teniendo como principal proveedor a Noruega en un 50% y el resto lo cubre con gas licuado -no se resiente tanto la matriz eléctrica, que está sustentada en un 75% en energía nuclear, pero si puede tener algún faltante en la industria-; del resto de países, se destacan Bélgica e Italia, entre los que más utilizan gas para generar electricidad.

Queda fuera del alcance de los efectos de la falta de gas ruso la península ibérica: tanto España como Portugal tienen fuentes alternativas de suministro al resto de Europa, constituyendo una “isla energética”. Se proveen de gas natural proveniente de Argelia a través de dos gasoductos, uno que pasa por Marruecos y que actualmente está fuera de servicio por razones diplomáticas (el Maghreb–Europe Gas Pipeline- MEG), el otro directo entre Beni Saf (Argelia) y Almería (España): el Medgaz. Y también se proveen de gas licuado de manera creciente.

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El punto relevante está justamente en la infraestructura que ha logrado desarrollar España para recibir gas licuado: existen actualmente 6 regasificadoras en territorio español, siendo el país europeo con mayor cantidad de plantas de tratamiento de gas licuado (son 32 en toda Europa). Esta capacidad le permite hoy tener el precio del gas más bajo del continente y proyectarse como un hub de suministro alternativo al gas ruso.

Aquí juega un papel preponderante el mayor proveedor de gas licuado a España: Estados Unidos, país que espera este año convertirse en el mayor exportador de GNL del mundo, por encima de Australia y Catar, y se ha transformado en la actualidad -y debido al cierre del MEG- en el principal abastecedor de la totalidad del gas que importa el gobierno español.

Seguramente no lo teníamos a Estados Unidos en el radar del gas en el mundo, pero a partir de la evolución de la tecnología de fracking y las grandes reservas de shale gas que detentan han alcanzado el status de gran jugador en el mercado energético. Washington ha logrado recientemente la autonomía energética y ahora domina la provisión de GNL a Europa, habiendo desplazado a los tradicionales proveedores de gas del continente: el mencionado Catar, Rusia, Nigeria y Argelia. Sus números prometer mantener este reciente liderazgo por varios años hacia adelante.

Estados Unidos GNL

Volviendo a Europa, claramente la guerra ha hecho que todo el continente mire con mucho mayor atención a los metaneros que andan surcando las aguas del mundo y, en este escenario, España tiene la gran ventaja de una infraestructura ya armada que le permitiría almacenar un tercio de las necesidades de gas que tienen los países europeos. Tal es así que existe un proyecto de gasoducto a Francia atravesando los Pirineos orientales que había sido en su momento descartado por Paris y que ahora las circunstancias lo han desempolvado, volviendo a estar en carpeta: se trata del MidCat, que conectaría el norte de Cataluña con Occitania, sur de Francia y le permitiría a España duplicar su capacidad de transporte.

¿Qué impacto puede tener la situación del gas y el GNL para Argentina?

Sin dudas que en el actual statu quo el escenario es particularmente desfavorable, de la mano del incremento en el precio del GNL a nivel global por sumar una mayor demanda desde Europa. Ahora, también lo podemos pensar como una oportunidad (una gran oportunidad) de mediano plazo si rápidamente se concretan las obras de infraestructura necesarias para transportar todo el shale gas que potencialmente se puede extraer de Vaca Muerta y si se complementa con una estructura de plantas de licuefacción que en lugar de recibir buques metaneros llenos justamente hagan lo contrario: que los llenen aquí para ser descargados en puertos del extranjero.

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Esta prometedora alternativa no solamente nos aseguraría nuestro propio abastecimiento, sino que generaría por varios años un saldo positivo de divisas que, en el mejor de los casos y sin salir del rubro, permitiría a nuestro país invertir en la transformación energética que nos lleve al desarrollo de energías renovables como el hidrógeno verde, la eólica y la solar.

Y allá estarán esperando las regasificadoras españolas para inyectar el gas de Vaca Muerta en el sistema interconectado europeo, transportado por el MidCat a Francia y desde ahí al resto del continente.

El escenario es propicio. Los recursos naturales están. La tecnología existe y es altamente viable -como lo demuestra Estados Unidos-. ¿Qué esperamos para subirnos a la última ola de los combustibles fósiles en el mundo?

Analista de Relaciones Económicas Internacionales, Tecnología y Geopolítica. Autor de “5G, La Guerra Tecnológica del Siglo”. En Twitter, @G_Balbo

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