«Yo debo reconocer que la democracia es un sistema de gobierno que en los últimos dos siglos le ha dado algún resultado a algunos de los países de Occidente», me dijo un cientista político chino. El mensaje es claro: la democracia sólo es un accidente transitorio en la historia de una región del mundo que es Occidente. (La pretensión occidental de hacer descender la democracia de masas de Atenas, donde por cada hombre libre trabajaban varios esclavos, creo que es un tanto pretenciosa.)
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Pienso que es una buena forma de expresar cómo China mira la historia, con visión de siglos y a veces hasta de milenios, mientras que en América latina la miramos en función de años o, en el mejor de los casos, de décadas.
Es que mientras la existencia de China se mide por milenios, la mayoría de los países de América latina cumplirá su bicentenario en 2010. Son doscientos años contra tres o cuatro mil.
Una visión histórica occidental de China nos muestra que entre 1836, cuando los chinos derrotados militarmente por los británicos se vieron obligados a entregar Hong Kong, y mediados de la década del 70 del siglo XX, cuando termina la Revolución Cultural de Mao, el país vive 140 años de guerra civil casi permanente.
De acuerdo con ello, lleva ahora tres décadas de estabilidad, frente a catorce de convulsión. Esta mirada histórica hace mirar con cautela la estabilidad lograda por China y a no pasar por alto los inevitables conflictos políticos y sociales que generan las grandes transformaciones capitalistas, por la pugna en pos de la redistribución del ingreso y del poder político.
Pero en una mirada más amplia, historiadores occidentales contemporáneos, que con bastante esfuerzo han reconstruido la economía mundial de los siglos pasados en función de parámetros modernos como el PBI y el ingreso, sostienen que hasta comienzos del siglo XIX y casi durante los dos milenios de la era cristiana, Asia representaba alrededor de 40% del PBI mundial, cuando al finalizar la Segunda Guerra Mundial con Japón, China y casi toda Asia destruidos, pasó a representar sólo entre 10% y 15%.
De acuerdo con esta interpretación, la causa política principal por la cual Asia se estancó y retrocedió durante la mayor parte de los siglos XIX y XX fue fundamentalmente la «larga guerra civil china de 140 años» que tuvo lugar entre 1836 y, digamos, 1975.
Cuando China se estabilizó y se abrió al mundo en el último cuarto del siglo XX, Asia volvió a ser el centro de la economía mundial, como lo fue durante la mayor parte de la era cristiana.
Cabe recordar que los grandes descubrimientos oceánicos europeos del siglo XV y del XVI tuvieron lugar en función de la búsqueda de los mercados y los productos de Asia, al cerrarse por el avance turco-musulmán la «ruta de la seda» por la cual se desarrollaba el comercio entre Occidente y Oriente.
Interrogante
¿Que pesará más en el futuro de China, los casi dos milenios en los que fue el primer PBI del mundo, o el siglo y medio reciente de inestabilidad y decadencia?
Me inclino por pensar que a lo largo del siglo XXI pesará más la historia milenaria para anticipar el futuro chino que los conflictos internos que sufrió durante gran parte de los últimos dos siglos.
Hoy sorprenden las proyecciones económicas que anticipan para 2040, que la economía de China será la primera del mundo superando a la de EE.UU. Pero cuando en 1776, las trece colonias británicas de Norteamérica se independizaron, el PBI chino era muchas veces el del naciente país.
Le llevó entonces a EE.UU. menos de un siglo superar el PBI chino, como está ahora sucediendo a la inversa.
La historia es fundamental para comprender el presente y vaticinar el futuro, pero suele ser un error no advertir que los ciclos nunca son exactamente iguales y que es el cambio tecnológico el factor que hace diferente el proceso de transformación chino respecto de otros del pasado.
Hoy, uno de cada diez chinos está conectado a Internet. Como el país tiene 1.300 millones de habitantes, China es la nación con más internautas después de los EE.UU.
De mantenerse el actual crecimiento de Internet en la población china, para 2040, cuando alcance al PBI de EE.UU., más de la mitad de la población estará conectada a Internet y será también el país con más internautas del mundo.
La Web se ha transformado en los últimos años en ámbito de expresión y comunicación de la disidencia. La respuesta oficial ha sido eficaz y contundente: Google, con tal de no perder el mercado chino, ha aceptado la censura de sus contenidos. ¿Pero podrán controlarse indefinidamente las redes de Internet chinas?
La historia me permite arriesgar una opinión.
Retorna la China que fue gran poder político y económico durante la mayor parte de los siglos XIX y XX, pero también sugiere que hay fenómenos nuevos, como la Web, cuyos efectos hoy son difíciles de calcular, por la simple razón de que la historia no nos ayuda mucho para ello.
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