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Esta negociación, como las otras siete que lleva adelante la Argentina en el marco de su estrategia multipolar, debe constituir un instrumento eficaz para permitir un incremento de nuestras exportaciones, no sólo en términos de diversificación de mercados, sino también en materia sectorial. De esta manera, estamos concretando la integración productiva de nuestro país con el mundo, basada en la capacidad de colocar nuestros productos en el exterior.
La negociación del ALCA debe ser analizada sin preconceptos ideológicos ni argumentos fundados en falsas premisas que la ubican como una alternativa al Mercosur. No son proyectos comparables, ni apuntan a objetivos semejantes. La negociación hemisférica es una más de nuestras negociaciones comerciales, de importante potencialidad, que puede resultar beneficiosa para nuestro país en la medida en que respete nuestros intereses.
La situación actual del hemisferio es despareja; disparidad generada no sólo por la existencia de acuerdos regionales que otorgan preferencias arancelarias para algunos países, sino también por la utilización de prácticas distorsivas del comercio de productos agropecuarios. Los acuerdos de libre comercio firmados por algunos participantes de la negociación ALCA atienden el componente arancelario, pero no solucionan el resto de los problemas.
También la Argentina, individualmente o como parte del Mercosur, ha negociado acuerdos de libre comercio con los países de la región, entre los que se destacan los recientemente firmados con Perú y el resto de los integrantes de la Comunidad Andina, y continúa negociando con México un acuerdo de preferencias recíprocas. La agenda del Mercosur prevé, asimismo, negociaciones con los países del Caribe y América Central, por lo cual la nivelación arancelaria podría alcanzarse tanto en el ALCA como fuera de él. Su valor agregado está dado por el hecho de tener, en la misma mesa de negociaciones, treinta y cuatro participantes. Por ello, apostamos a un proyecto hemisférico que sirva para superar, en la región, las dificultades generadas por los temas postergados en el marco multilateral; particularmente, las cuestiones de acceso a mercados.
Resulta evidente que varios de los elementos distorsivos del comercio no serán totalmente superados por la negociación regional, porque dependen, en gran medida, de compromisos para ser asumidos por actores extrahemisféricos. La Argentina es un negociador realista, que requiere de la región aquellos esfuerzos que ésta está, efectivamente, en condiciones de realizar.
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