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El desdibujo de imagen del cordobés para competir, no obstante esos otros méritos que posee, se estima proviene de dos factores. Uno es que no tuvo suerte para que sus audaces ideas ejecutivas en la gobernación prosperaran dado el escenario de país en que intentó desarrollarlas. La otra es la escasa adhesión, que por desconfianza en su palabra y ubicaciones, se lo suele identificar.
Al ver comprimidos sus ingresos los que por la rebaja se habían sumado a los Con habilidad de administrador hizo buenas reducciones del gasto, por ejemplo de dos cámaras legislativas logró hacer votar -en medio de severas acusaciones sobre cómo logró los sufragios necesarios- que quedara sólo una. Lo hizo mejor que el ex gobernador Domingo Bussi, de Tucumán, que antes que De la Sota logró lo mismo en su provincia pero sólo redujo la tanda de legisladores en una cámara pero manteniendo la misma burocracia legislativa que había para dos y no ahorró nada al efecto de reducir el gasto público.
De la Sota introdujo variantes que quedarán como antecedentes en el país. Por caso creó sus pagos provinciales
Planeó privatizar el Banco de Córdoba, la deficitaria empresa provincial de energía (EPEC) y hasta el juego en manos hoy del Estado. Tramitaba no menos de 8 ofertas nacionales e internacionales para sus privatizaciones y planeaba con el ingreso posible -más de 1.000 millones de dólares que le quedarían al fisco cordobés- hasta construir hoteles 5 estrellas en las siempre atractivas sierras de Córdoba además de reducir parte de la deuda provincial.
La caída vertiginosa y continua del país en recesión le hizo alejar atemorizados a todos sus ofertantes.
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