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30 de septiembre 2003 - 00:00

Miedo a hegemonía

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Digamos que, tal como se están haciendo las cosas administrativamente, es notorio que las presidencias de De la Rúa, Rodríguez Saá y Duhalde fueron superfluas y una pérdida de valioso tiempo. La aceptación ciudadana de Kirchner no será de 75% u 80%, como en forma poco democrática se paga por difundir como idea superadora. Pero sí es comprobable que en
Oposición inevitable, porque 500.000 connacionales son sacrificados como tenedores de bonos nacionales en default, millones de futuros jubilados también a punto de castigo en sus bolsillos y muchos temerosos todavía por lo que se ha dado en llamar
No fue lo mismo, aprovechando una época de tremenda crisis social y alto desempleo -con su secuela penosa de fácil compra de voluntades y votos-, impulsar desde el gobierno a Carlos Rovira en Misiones que a Aníbal Ibarra en la Capital Federal. El jefe de Gobierno porteño había tenido su oportunidad ejecutiva durante casi 4 años y la desaprovechó. El voto más honesto y desinteresado de esos porteños tenía intriga por darle la oportunidad a otro hombre muy joven de comprobada ejecutividad, como era Mauricio Macri, y Kirchner no lo quiso pese a la renovación que propugna. Ramón Puerta en Misiones ya había sido 8 años gobernador, bastante bueno y hasta llegó a presidir el país convulsionado por 2 días. Rovira era la figura más joven -aunque ambos candidatos aún lo son-que moralmente, cuando menos, merecía otro período de gestión tras el primero aceptable.

El problema del resultado misionero no está en quién resultó seguramente el adecuado ganador allí sino en que los moderados del país se alarman cada día más por una nueva forma de democracia en la Argentina. Se observa que mientras haya tanta necesidad y miseria social, quien posee el mando -nacional, provincial o municipal-para usar fondos públicos no será desplazado de la gestión que ya tiene, sea buena o mala. Como en la otra crisis socioeconómica tremenda, única comparable en el país, de la década de 1930 se desvalorizan los valores democráticos. No es ilógico. Se ha visto en el nuestro y en otros países -inclusive desarrollados-que cuando la necesidad de una población es tan grande se puede apoyar hasta dictaduras o conseguir fácilmente votos.



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