22 de julio 2003 - 00:00

Minigabinete trató de armar agenda de apuro

Ayer, Néstor Kirchner delineó detalles del viaje que inicia hoy a los Estados Unidos con el canciller, Rafael Bielsa; el secretario de la SIDE, Sergio Acevedo; el jefe de Gabinete, Alberto Fernández; y el ministro de Planificación, Julio De Vido, en particular sobre los temas económicos que abordará con Bush, quien lo sorprendió con el adelantamiento de la entrevista, que originalmente estaba prevista para dentro de 45 días.

Quedó abierta la integración de la delegación, de la cual formarán parte el Presidente; su esposa, Cristina Fernández; los ministros Rafael Bielsa (desde ayer ya en Washington junto a su jefe Gabinete, Eduardo Valdés) y Rodolfo Lavagna; y los secretario de Relaciones Económicas Internacionales y de Relaciones Exteriores, Martín Redrado y Jorge Taiana (h).

Los temas fundamentales que pueden tener principio de definición a partir de este encuentro sin agenda son el acuerdo de tres años con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el fin de los subsidios agrícolas, la creación del Area de Libre Comercio para las Américas (ALCA) y la revisión de los contratos de concesión de servicios públicos con las empresas privatizadas.

Con respecto a la deuda -un problema clave para el despegue de la economía luego de dos años de retroceso-, diversos funcionarios norteamericanos, entre ellos el secretario de Estado, Colin Powell, anticiparon su apoyo a la firma de un acuerdo de mediano plazo con el FMI.

Powell hizo una visita relámpago a Buenos Aires el 10 de junio y, a su término, el canciller Rafael Bielsa dijo que había estado «totalmente de acuerdo en que la renegociación de la deuda no se tiene que dar en un marco de postergación de plazos y vencimientos para que el próximo gobierno se encuentre con el mismo problema que se encontró éste (el 25 de mayo, al asumir)».

Bielsa dijo que Kirchner y Powell habían coincidido en «tratar de buscar un compromiso entre lo que la Argentina efectivamente puede pagar sin devastar a su propia población y sobre lo que los organismos multilaterales puedan comprender de esta realidad para que se pueda suscribir un convenio que sea sostenible en el largo plazo».

La Argentina debe en total 137.000 millones y procura obtener una condonación parcial por parte de los 700.000 tenedores privados de bonos de todo el mundo con los que está en mora desde diciembre de 2001 y a los que al finalizar 2003 adeudará unos 76.000 millones.

El resto de la deuda pública lo constituyen básicamente obligaciones con organismos multilaterales, encabezados por el FMI, con quienes la Argentina se mantuvo al día pese a la moratoria para los bonos y logró en enero de 2003 un acuerdo hasta el 31 de agosto para postergar pagos por 11.000 millones de dólares.

• Insistencia

Los funcionarios norteamericanos insisten en que la Argentina debe volver a ser «un país predecible» y presentar un «programa sustentable» para negociar con los acreedores. En tanto, Kirchner advirtió en su discurso de asunción que no iba a pagar la deuda con el hambre de los argentinos.

Con el remanso de la suspensión de pagos, el Producto Interno Bruto (PIB) argentino creció 0,4% en mayo pasado comparado con abril, y 7,1% respecto de igual mes de 2002. Con este resultado, la economía acumuló un crecimiento de 6,1% en los primeros cinco meses en relación con igual período de 2002, según cifras oficiales.

La agenda de Kirchner también contempla el reclamo por una apertura del mercado de Estados Unidos, no sólo a los productos agrícolas, sino también manufacturados, como declaró el vicepresidente, Daniel Scioli, durante una visita a Washington a comienzos de junio.

En la oportunidad, Scioli presentó un pedido por 14 productos, entre los cuales la carne era el más significativo. «No estamos pidiendo más préstamos para pagar gasto público improductivo. Estamos pidiendo tiempo para poder seguir creciendo. Necesitamos que Estados Unidos acceda a que podamos ingresar más productos, que es trabajo y divisas para la Argentina», sostuvo el segundo del Ejecutivo.

Sobre el ALCA, la posición argentina pasa por negociar bajo el esquema de «Cuatro más Uno», es decir, los cuatro miembros del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) con Estados Unidos.

Esta posición es compartida por Brasil, la economía más poderosa del bloque sudamericano, pero resistida por Bush. En cuanto a las concesiones, el gobierno aseguró que continuará revisando los contratos, lo que significa no sólo el análisis de las tarifas luego de la devaluación de enero 2002, sino también el cumplimiento de los compromisos asumidos por las empresas privadas en materia de inversiones y pagos de canon al Estado.

Kirchner viaja a Washington apenas cuatro días después de una gira por Londres, París y Madrid, donde los respectivos presidentes ratificaron su confianza en su gobierno y comprometieron su ayuda en las negociaciones con el FMI.

Pero el grueso de las críticas que recibió Kirchner en su gira europea fue precisamente de los concesionarios franceses y españoles, que son quienes manejan las más importantes compañías de servicios de la Argentina.

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