3 de julio 2003 - 00:00

Reiteran pesar por partida de embajador Walsh, de EEUU

En su elegante departamento con 8.000 libros en el Barrio Norte asistimos a otra de las despedidas, esta vez de Emilio Cárdenas, que se le hacen privadamente a James Walsh, embajador norteamericano ya a pocos días de abandonar la representación en la Argentina. El saludo más generalizado será, indudablemente, el del aniversario de la Independencia del país del Norte mañana 4 de julio.

Pero dada la multitud que siempre convoca la fecha patria norteamericana será difícil conversar con Walsh con la intimidad que da una reunión de 14 comensales. Desde periodistas como Joaquín Morales Solá, a encuestólogos como Mora y Araujo y señora; el embajador de España, Manuel de Alabart y señora; Enrique Antonini y señora, y Graciela Rivera.

• Simpatía

Se puede decir que este Walsh que ahora se aleja encabeza la simpatía que se han granjeado en su paso por el país los máximos diplomáticos estadounidenses de las últimas décadas y antes no hubo tantas simpatías en las épocas argentinas germanófilas, de los primeros peronismos y aun durante la Guerra Fría. Walsh ha superado en receptividad local inclusive al recordado Terence Todman de la década pasada que tenía tanta relevancia que se lo llamaba «el virrey». Además, el récord de este norteamericano que concluyó su gestión va a perdurar un tiempo en una Argentina que con el actual gobierno de Néstor Kirchner lo que menos manifiesta es simpatía precisamente por Estados Unidos.

También hay que tener en cuenta que Walsh ha sido un diplomático muy particular para la Argentina. Recordaba en lo de Cárdenas que es su octavo 4 de julio el viernes que pasará como diplomático en la Argentina ya que estuvo 4 años desde 1989 a 1993 en cargo menor en la embajada aquí y ahora, ya como embajador, desde 1999 a la fecha. Pero además vivió y estudió en Córdoba en los años '60. «En 1964 entre los estudiantes de la universidad conocí por primera vez el sabor de los gases lacrimógenos. Fue en la época del presidente Arturo Illia cuando visitaba el país el presidente Charles de Gaulle aunque no recuerdo si la represión a un tumulto en esa Universidad de Córdoba tuvo que ver con el presidente francés», recordaba.

Tiene un largo anecdotario de su extensa carrera diplomática que tras permanecer un año más de servicio en Washington dará por concluida retirándose. Por ejemplo, recuerda que siendo un diplomático principiante en Kenya le tocó identificarse en una recepción ante la inmensa figura del posterior dictador de Uganda Idi Amín. «Apenas le dije norteamericano al presentarme me estrujó tanto la mano que creí que me rompía los huesos. Luego sonrió y me dijo que íbamos a tener en el futuro una relación especial. Pero no se cumplió, nunca lo volví a ver ni durante mi gestión en Zimbabwe».

•Futuro incierto

Insiste Walsh que vivirá en Washington pero más allá del año que le queda por cumplir hasta el retiro no sabe qué hará luego. Dijo que actuó en el pasado dos años en la vida académica pero que no quiere más que eso, aunque no le desagradó. En cambio quien se prepara para un año de clases en una universidad del exterior es el propio Emilio Cárdenas. «Quizá no aguante un año pero sí un semestre, abandonando mi actuación legal financiera», comentó.

Frase final en la cena de Cárdenas de Walsh para tomar en cuenta:
«Después de tantos años pasados aquí parto sabiendo que conozco bien a la Argentina... pero no puedo decir que haya logrado entenderla en el mismo grado».

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