Con siete años de existencia, por primera vez, la Legislatura porteña hará debutar el bolillero al crear un sistema para la renovación parcial de sus 60 legisladores de la Ciudad de Buenos Aires. El mecanismo dará curso a un cuarto oscuro en 2005, para elegir 30 legisladores de la Capital Federal, la mitad del recinto, y así cada 2 años.
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Así lo tienen decidido los actuales diputados, que en su gran mayoría abandonan las bancas el 10 de diciembre próximo.
Ese día será la segunda y última vez que se cambien las 60 bancas todas juntas, lo que provocará que las futuras elecciones porteñas no tengan el mismo encanto que hasta ahora para los candidatos, ya que se eleva el número de votos que deben sacar para esa tómbola de bancas. Ocurrió la reciente, el 24 de agosto, en la que se presentaron 40 partidos con la idea de obtener cerca de 30.000 votos que, contados al momento de aplicar el D'Hont, pudieran otorgarles al menos una silla en el recinto. Ese objetivo contó -y seguirá contando por ahora-con la atracción extra de no requerirse piso de votos para ingresar, ya que la Legislatura porteña no exige 3% de votos para anotarse en el reparto, como sucede en el Congreso. En el cuarto oscuro de agosto, sin embargo, la polarizada votación entre Mauricio Macri y Aníbal Ibarra les jugó en contra de la aritmética y ya no son tantos como hoy los bloques unipersonales que aparecerán, apenas dos.
Los dos períodos deexistencia de la Legislatura -desde que pasó de ex Honorable Concejo Deliberante a ese status-no contaron con renovación parcial de las butacas, lo que fundamentaron los legisladores en que fueron mandatos menores que los regulares de 4 años. El primero se extendió desde diciembre de 1997 hasta agosto de 2000, porque en 1996 se había elegido -por primera vez-jefe de Gobierno, y así Fernando de la Rúa convocó a elección de legisladores. En 2000 asume Ibarra con una ley que imponía acortar el mandato para hacerlo coincidir con la elección nacional, por eso termina el 10 de diciembre, a 3 años y cuatro meses de iniciado.
Antes de irse, o de reasumir algunos, los legisladores quieren dejar el tema resuelto. La idea es aplicar el bolillero por bloques, que cada bancada sortee a la mitad de sus integrantes, para no someterlo todo a la suerte y asegurar la sobrevivencia de los bloques. Los unipersonales y los restos -es decir los impares de cada bloque-se integrarían en un bolillero aparte todos juntos. Otra idea que se discute es hacer ese sorteo pero por boletas, por las listas que llegaron al cuarto oscuro. Algunos creen que ese mecanismo sería más apropiado, ya que para hacer y desarmar bloques de acuerdo con la ocasión la Legislatura tiene historia. Con la boleta, en cambio, no habría dudas sobre quién es quién.
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