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Si Duhalde reacciona como sería de esperar por sus antecedentes y su temperamento para los actos violentos que han jalonado su carrera, es posible que redoble la apuesta y trate de birlarle el papel de héroes que a esta hora tienen los jueces que han volteado el corralito. No es fácil que tolere que le hayan arrebatado el premio y menos cuanto lo enfrentan con un panorama tan complicado como lo revela el forzado feriado cambiario.
Lo que pasó es consecuencia de la improvisación ante una crisis contenida desde comienzos de enero: la Suprema Corte responde volteando el corralito a la actitud del gobierno de no protegerlos de la agresión de un sector del público que se dedica a insultar y cacerolear a sus miembros en sus propios domicilios particulares. Algunos de ellos creen, incluso, que el gobierno alienta esas agresiones como una maniobra de distraer la bronca del público y dirigirla hacia terceros que no sean el Poder Ejecutivo (la justicia, los bancos, etc.)
El mensaje es: si el gobierno quiere hacer política a costa de nosotros, nosotros vamos a hacer política a costa de ustedes.
La decisión de la Corte se discutía a puertas cerradas desde hace varios días. Este diario lo contó con detalle en la edición del jueves 31 de enero como parte de una sorda negociación con el gobierno para encontrar un acuerdo de ayuda mutua.
La acordada que se esperaba para el martes próximo se precipitó por varias razones:
La Cámara de Diputados de la Nación integró el jueves por la mañana, con grandes alardes de agresividad, la comisión de Juicio Político e inmediatamente formó tres subcomisiones para examinar todos los pedidos de juicio que hay en la cámara. Su nuevo titular, el kirchnerista Sergio Acevedo se dedicó en la mañana del viernes por radio a criticar a la Corte.
Durante la semana algunos miembros de la Corte tomaron contacto con todos los actores de este drama y percibieron lo siguiente:
1) El gobierno Duhalde no les puso nunca un interlocutor para conversar esta crisis, algo de lo que se quejaron durante el gobierno anterior, cuando los ministros Ricardo Gil Lavedra y Jorge de la Rúa evitaron escuchar sus quejas como "poder arrinconado" por las prédicas del gobierno aliancista. La llegada de Jorge Vanossi no los conforma nada; más todavía le escucharon decir en un reportaje: "veamos cuántos cacerolazos resisten". Saben además que el asesor para el capítulo judicial de la reforma política es el abogado Luis Moreno Ocampo.
2) Durante la semana algunos miembros de la Corte recibieron mensajes del ex diputado José Luis Manzano asumiendo la representación del gobierno para llegar a alguna solución de convivencia. Averiguaron si tenía credenciales pero les respondieron desde la Casa de Gobierno que el lobbista mendocino actuaba, cuanto más, por su cuenta y a resultados.
3) La única señal alentadora la recibieron del senado. "No estamos en la misma de Duhalde o de los diputados. De acá no va a salir ninguna agresión", les dijeron algunos miembros del Senado, cámara donde albergan poderosos interlocutores de la justicia como Raúl Alfonsín, Juan Carlos Maqueda, Jorge Yoma y otros.
4) La actitud de la Corte fue tema de ácidos debates en el despacho de Duhalde el jueves por la noche. En la ronda con funcionarios para redactar el discurso del viernes, Duhalde se mostró arrinconado por el conflicto. Maníaco de las encuestas, no quiere ir contra la opinión crítica de la Corte. Necesitado de algún mecanismo de control financiero necesitaba que esa misma Corte le mantuviera el corralito. Tan lento y medroso como Fernando de la Rúa, Duhalde no hizo nada en las últimas 24 horas para hacerle llegar un mensaje amistoso a la Corte.
5) Tampoco escuchó a quienes lo intimaron a entender cómo funciona la justicia en el orden nacional. A Duhalde se le reprocha creer que puede tener con la Suprema Corte nacional la misma relación que tenía con la Corte provincial de La Plata. Había heredado de Alejandro Armendáriz una integración más bien radical y se entendió siempre con la claridad de quien confronta con adversarios. Es decir arreglando, bajo el paraguas además del pacto de gobernabilidad que había logrado con la UCR de esa provincia. En este caso, se le intentó explicar, tiene una Corte con mayoría peronista y muy desgastada por la política del último lustro que eligió a la Corte como blanco de las peleas por el poder.
6) En este caso Duhalde parece cometer un error descomunal de escala, aplicar algo que en una provincia es viable al orden nacional, donde resulta inviable. Debió, le dicen sus asesores a esta hora, aprender de cómo la justicia bajo De la Rúa lo complicó a éste en el caso de La Tablada por no designarles un interlocutor (en Casación pusieron al Ejecutivo en la obligación de liberar a los presos de aquel atentado, haciéndole pagar al gobierno todo el costo político).
7) Duhalde, según quienes hablaron con él en las últimas 24 horas sobre este punto, parecía festejar que la clase media porteña que reclama contra el corralito se cebase en criticar a la Corte por mantenerlo mientras él aseguraba las buenas relaciones con quienes cree son su base de sustentación política, los piqueteros del conurbano. Dedicó el tiempo que pudo emplear en trabajar una relación más pacífica con el poder Judicial a halagarlos a los piqueteros con dádivas y reconocimientos del tipo "si no fuera presidente sería piquetero".